Las manifestaciones del
Primero de Mayo, ya no son lo que eran ni por asomo, se han convertido en un
acto testimonial al que cada vez acuden menos trabajadores. Casi nadie duda, a
estas alturas, que los responsables de la situación actual son los propios
sindicatos que ni han sabido adaptarse a la nueva realidad social, ni a su
mercado de trabajo.
La desafección de los
trabajadores hacia unos sindicatos dirigidos por una casta sindical que compite
en corrupción con los partidos políticos, cuyos dirigentes son conocidos por
vivir del cuento, por no haber dado en su vida un “palo al agua”, es casi
absoluta.
Lo ocurrido en la
convocatoria de Madrid podemos calificarlo de bochornoso, allí no se reivindicó
una sola demanda laboral, aquello se convirtió en un acto de precampaña
electoral donde los líderes sindicales exigieron “un gobierno de cambio”. Si lo
que desean es hacer política ¿Por qué no se presentan a las elecciones? Es que
siguen sin enterarse que los trabajadores de hoy en día pertenecen a todo el
espectro político.
Pero no pensemos que esta
politización es algo nuevo, desde la Transición, las manifestaciones sindicales
siempre han estado presididas por banderas, rojas y tricolores, que disuadían a
todo aquel trabajador que no se considerase de izquierdas a participar en
ellas.
La única solución, es que
existan sindicatos independientes que defiendan los derechos de todos los
trabajadores. El sistema protege a UGT y CCOO, a los demás no les da ni agua.
En una democracia, los
sindicatos son indispensables, pero claro está, las dos grandes centrales
sindicales son portadoras de tantos vicios, que en vez de cumplir su misión
constitucional, se limitan a competir en corrupción con lo peor del sistema,
actuando además, con sus propios trabajadores, como despiadados patrones.
