Vivimos en el siglo XXI, en
lo que se supone que es un Estado democrático, y por lo visto, tenemos que aceptar como normal, que el
presidente del Gobierno, que es a su vez líder de uno de los grandes partidos,
utilice la designación como sistema para decidir candidatos. Este es un claro
ejemplo de las carencias democráticas que sufrimos en este país.
Cuesta trabajo entender,
como a solo tres meses de las elecciones, Rajoy tiene a todo un partido
esperando y sin rechistar, porque ya se sabe, el que rechiste se queda fuera de
la foto. Todos esperan, desesperan y callan en una organización con graves
carencias democráticas y con usos dictatoriales.
Eso de “democracia interna”
le debe sonar a Rajoy a chino ¿No sería mucho más lógico que fueran sus
militantes de Madrid o de Valencia los que decidieran quienes quieren que sean
sus candidatos?
Vivimos en el momento
político más delicado desde la Transición, el Partido Popular tiene a Podemos
subiéndose a sus barbas, los ciudadanos asqueados de la vieja política y
exigiendo transparencia, y a Mariano Rajoy solo se le ocurre seguir con
prácticas más propias de una Dictadura que de una Democracia.
Cuando Rajoy apura los
tiempos tanto, es simplemente porque no cree en los suyos, porque sigue
pensando que lo importante es votar a las siglas, y en eso se equivoca, sus
siglas, al igual que las de los demás viejos partidos, solo provocan asco y
desconfianza entre la ciudadanía.
Y los suyos lo asumen con
total disciplina pero con mucho fatalismo, sabiendo que las decisiones las toma
Rajoy cuando quiere y como quiere, algo patético. Para colmo, Rajoy, argumenta
“que mientras más tarde en designarlos, menos se desgastarán” algo increíble
pero cierto.
Veremos como resuelve Rajoy
la patata caliente de Valencia, y sobre todo, la de Madrid, lo mismo es que
está tan preocupado por el panorama que tiene delante, que el miedo lo tiene
paralizado.
