Conforme se van conociendo
los detalles de la movida del PSOE en Madrid, nos damos cuenta de lo alejados
que se encuentran los viejos partidos de la democracia.
Conocemos que Pedro Sánchez
ha decidido que el cabeza de lista del PSOE y candidato a presidente de la
Comunidad de Madrid, sea el ex ministro de Educación, Ángel Gabilondo, y
también se conoce que Gabilondo aceptaba con la condición de que fuese
designado y no elegido por los militantes, algo que como mínimo demuestra su
talante poco democrático.
Los que desde el PSOE han
criticado con dureza las formas del PP de designar a sus candidatos, ahora se
apuntan a ellas sin sonrojarse lo más mínimo. A 100 días para las elecciones,
Pedro Sánchez tiene ya elegido a su candidato, quien no se someterá a ningún
tipo de votación o ratificación por parte de la militancia socialista. Todo
esto desprende cierto tufillo a comportamientos más propios del antiguo
inquilino del palacio de El Pardo que de una democracia.
Ahora Pedro Sánchez tiene
que vestir de democrático lo que no lo es, por ello les ha metido presión a sus
120 secretarios generales para que convoquen asambleas extraordinarias urgentes
y propongan a “su candidato”. Prácticamente, lo que se busca es la legitimación
por aclamación a forma de coartada, para así, disimular la cacicada cometida.
Lo más triste de todo esto,
es que el PSOE sabe que tiene asegurada la derrota, pues es un candidato muy
desconocido para la ciudadanía madrileña, y que además, tiene que hacer una
campaña con el supuesto apoyo de unos cuadros que lo consideran un cunero, un
intruso, un forastero impuesto.
Aunque lo mejor de todo
esto fue la imagen del cerrajero, enviado por Ferraz, cambiando las cerraduras
de la sede del PSM, lo mismo se quiere impedir que algún compañero del
defenestrado se lleve algún tipo de documentación comprometedora. Lo evidente
es, que después del fracaso electoral se desatará la inevitable guerra interna
de la Federación Socialista Madrileña, una federación que lleva ya demasiado tiempo
buscando esa tranquilidad que no llega.
