Sé que suena muy duro, pero
desgraciadamente es así. La columna vertebral de Izquierda Unida es el Partido
Comunista de España (PCE), ese partido que hizo posible la Transición y que se
caracterizó, por saber ceder y consensuar, entendiendo entonces que todos
tenían que ser generosos por el bien de España y de todo lo que conllevaba ese
concepto.
Todo lo que está
protagonizando Alberto Garzón, nada tiene que ver con la tradición y los viejos
principios del comunismo español. El actual líder de IU, parece solo buscar en
la coalición electoral con Podemos, conseguir para él y su círculo próximo, el
acta de diputado, solucionar a medio plazo el futuro de él y de sus amiguetes.
Muchos de los comunistas
opuestos a esta coalición, temen que Podemos acabe fagocitando la imagen de IU
como partido, con una sumisión absoluta a Podemos, comprometiendo así la
supervivencia de una organización histórica que ha tenido un papel crucial en
la historia reciente de este país.
Al ser contrario a todo
tipo de totalitarismos, me considero anticomunista en el mundo de las ideas,
aunque considero que los comunistas españoles tienen derecho a estar
representados en el Parlamento y su voz oída, como demócrata que soy.
Ir a unas elecciones con la
variopinta fauna que conforma, Podemos y sus adheridos, y con las propuestas
que defienden, como ese fantasmal “derecho a decidir”, nada tiene que ver con
lo que siempre ha defendido el comunismo español, pero parece que a Garzón lo
que más le mola últimamente es reabrir heridas guerracivilistas.
Al menos, con esta
coalición se le cae definitivamente a Podemos la careta de partido nuevo, pues
va en coalición con los comunistas, los separatistas, los proetarras, los
pancatalanistas, además de su pesada mochila de anticapitalistas antisistema.
La coalición que está conformando Podemos, representa lo más viejo, rancio y
arcaico de la política, que defienden ideas que han fracasado siempre que se
han intentado “imponer” y que han causado terribles sufrimientos a la humanidad
en el último siglo.
Que voten los españoles en
libertad, pero que sepan lo que se juegan, pues de su voto puede depender el
futuro, y sobre todo, la libertad, de sus hijos y de sus nietos.
