Cuando han pasado ya,
ochenta años de la finalización de nuestra guerra civil y, cuarenta años de la
muerte del dictador, aún se siguen sin ver todos los hechos que acaecieron
entonces, desde la deseada objetividad histórica, muchos todavía, se sienten
identificados con uno de los bandos contendientes, manteniendo en su mente
recuerdos y referencias de heridas aún abiertas.
Es como si ese, perdón y
reconciliación, que significó la Transición, hubiese sido destruido desde que,
esa anomalía histórica llamada José Luis Rodríguez Zapatero, gobernó este país.
El Juzgado de Primera
Instancia nº 2 de San Lorenzo de El Escorial, acaba de reconocer por primera
vez el derecho a la digna sepultura de dos víctimas del franquismo autorizando
la exhumación de sus restos, unos restos que suponen se encuentran en El Valle
de los Caídos.
Se trata de dos hermanos,
uno veterinario y otro herrero, que el 20 de octubre de 1936, fueron fusilados
en la tapia del cementerio de Calatayud, donde recibieron sepultura.
Posteriormente, ya en 1959, sus restos, se supone que fueron trasladados al
Valle de los Caídos.
Siempre he defendido, que
si en una cuneta o en otro sitio, se tiene la certeza de que reposan unos
restos, y sus familiares los reclaman, es de justicia que los recuperen. Lo que
ocurre, es que cuando hay dudas, como podría ser este caso, hay que valorar las
posibilidades de encontrarlos y el costo que supone, y lo digo porque, ¿hasta
cuantas pruebas de ADN es razonable hacer para intentar identificar unos
restos?
También diré, que me parece
poco apropiado, que cuando se encuentran unos restos, en vez de respetar la
intimidad de los familiares, se instrumentalice y se convierta en un acto
político para nostálgicos del bando perdedor. Creo que ya es hora, de que los que se identifican con los que perdieron, dejen que los historiadores interpreten
lo que ocurrió, en vez de pretender reescribir la historia.
En pos del futuro de este
país, llamado España, creo que ya va siendo hora de que los que aún portan las
banderas de los dos bandos de nuestra guerra, las depositen donde tienen que
estar, en un museo, con todo el respeto que merecen, pues por ambas, muchos
compatriotas nuestros derramaron su sangre creyendo que hacían lo correcto, y
no las sigan utilizando para reabrir heridas.
