Para ETA “Enemigos del pueblo vasco”, eran todos los españoles que defendían la democracia en el País Vasco y por ello, todos ellos candidatos a ser víctimas. Y con los que siguen pensando así son con los que Sánchez pacta para mantenerse en el poder y consensua con ellos, la memoria y el relato, de esos tiempos en los que los camaradas de sus ahora socios llenaron las calles de España de sangre inocente.

Ya a principios de este siglo, Zapatero encomendó a Eguiguren para que en nombre del PSOE negociara con Otegi, encumbrando así a una banda criminal a la categoría de interlocutores políticos. Desde entonces, el PSOE es un partido traidor a nuestra democracia y a España. Sánchez es solo el que ha continuado lo emprendido por Zapatero.

Tras el paripé sanchista de ayer en Ermua, al que no asistieron ni las principales asociaciones de víctimas ni Santiago Abascal, mucho me temo que la pactada Ley de Memoria Democrática entre Sánchez y EH Bildu, lo que pretende es que nuestros nietos no conozcan lo que ha pasado. Me quedo con lo escrito por Rosa Díez en un grandísimo artículo en el que entre otras cosas dice:

“Nuestros nietos tienen derecho a conocer qué es lo que pasó en su tierra; qué hizo cada cual en esos momentos en los que los unos poníamos las víctimas y los otros sólo el odio y la muerte; tienen derecho a saber quién y cómo se luchaba, cómo se sufría, quién y cómo se callaba. Tienen derecho a que los verdugos no reescriban la historia de su país y de sus conciudadanos. Nuestros nietos tienen derecho a saber la verdad: que en Euskadi nunca hubo un conflicto político distinto al que viven todas las sociedades democráticas y que se sustancia por métodos también democráticos; que lo que aquí hubo fue una banda de terroristas que asesinó a 857 inocentes porque les estorbaban para imponer su modelo totalitario de país. Nuestros nietos tienen derecho a saber que ETA no nació para resistir o luchar contra Franco, sino que la primera víctima de ETA se produjo en 1960, cuando la dictadura franquista tenía 24 años de vida y en ese periodo se conocía como la “dictablanda”; y el fulgor asesino de la banda se recrudeció según se aproximaba la muerte de Franco y los españoles preparábamos la construcción de la democracia. Nuestros nietos tienen derecho a saber que ETA asesinó a 46 ciudadanos durante la dictadura franquista y a 811 durante y contra la democracia.

Sí, nuestros nietos y todos los jóvenes -que hoy ya ni siquiera saben qué fue y qué hizo ETA y cuáles son los nombres y las circunstancias de sus víctimas- tienen derecho a conocer la verdad. Tienen la obligación de saber que si ellos viven en un país democrático y miembro de la UE es porque miles de sus conciudadanos arriesgaron su vida para que ETA no consiguiera destruir la democracia. Los niños de hoy, los jóvenes de mañana, necesitan que alguien les cuente lo que ocurrió y no les dé una versión falsa de la historia. Tenemos el deber de hacerles saber que todas las víctimas de ETA lo fueron por lo que eran, no por lo que hacían: ETA los asesinó porque eran nuestros escudos, para amedrentarnos a todos, para que desistiéramos. Por eso no podemos callar, porque nuestro silencio sería el éxito definitivo de ETA.

Tenemos 857 razones para seguir librando la batalla, desenmascarando a los traidores y honrando a los héroes. Eso es lo decente, lo justo, lo digno. Lo mínimo que debemos a las víctimas es recordar sus nombres, su historia, los sueños que les quitaron, la vida que no pudieron cumplir. Ellos, los muertos, no pueden dar testimonio; por eso debemos darlo nosotros.

Este domingo los traidores del PSOE han celebrado el aniversario de su ejecución y lo han hecho a la sombra y con la coartada del Rey. Y lo han hecho para enterrar definitivamente el espíritu de Ermua. El espíritu democrático que despertó cuando asesinaron a ese joven concejal hace mucho que está muerto; Lizarra primero y los pactos de Zapatero/Sánchez (con la ayuda de Rajoy, que se negó a iniciar un proceso de ilegalización de los testaferros de ETA con los que hoy gobierna Sánchez, pudiendo haberlo hecho, teniendo la obligación moral de hacerlo) lo mataron. Lo único que sigue vivo de todo aquello es una cierta memoria, residual, pero memoria. De los que aún estamos vivos, de los que no queremos renunciar a recordar la verdad, a escribir sobre ello, a señalar a los culpables, a señalar a los cómplices, a señalar a los traidores. Hoy Sánchez fue a Ermua a enterrar la memoria. Al hombre lo mató una banda asesina cuyos herederos políticos son ahora sus socios; él fue a Ermua a matar la memoria, por eso se la ha entregado a los testaferros de los asesinos. Y cuando tomó la palabra Sánchez, el hombre que en nombre del Gobierno y del PSOE acaba de legitimar la historia de terror de ETA, escupió sobre la memoria de las víctimas.

El PSOE con Zapatero primero y con Sánchez después ha firmado las páginas más infames de nuestra historia democrática.

Malditos sean. Malditos sean para siempre”.

Tras esto, sobra cualquier comentario.

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