Soy de los que piensan, que
en una democracia los ciudadanos deben de tener la posibilidad de votar a la
opción política que más encaje con su manera de pensar y que se debe respetar a
todos los que votan cualquier opción, incluso si es radicalmente opuesta a la
nuestra.
Y digo todo esto, por la
campaña emprendida contra Podemos por los viejos partidos, una campaña basada
en asustar a los ciudadanos de unas supuestas terribles consecuencias que
produciría la irrupción de Podemos en las instituciones y la posibilidad de que
ocupen parcelas de poder.
Soy de los que piensan, que
el fenómeno Podemos podría servir para obligar a los viejos y corruptos
partidos a que “se pongan las pilas” o a que “se les caiga la careta”,
partiendo de la base de que los responsables de su aparición son ellos mismos.
Podemos es hijo de la indignación popular, una ciudadanía asqueada del comportamiento
de los que se suponían eran sus representantes y por los que no se sienten en
absoluto representados, hartos de que cuadrillas de golfos controlen los
aparatos de los grandes partidos y sean los que decidan nuestro futuro.
Es conocido que soy de los
que quieren regenerar el sistema desde dentro y cumpliendo las leyes, Podemos
parece ser que pretende sustituirlo por otro, aunque viendo hasta que punto han
modulado su discurso, entiendo que como dijo Pablo Iglesias no hace mucho “una
cosa es lo que se quiere hacer, y otra, la que puedes o te dejan”.
Los dirigentes de
Podemos saben perfectamente que el 75% de quienes les den su confianza, lo
hacen por su rechazo a lo que hay, y no, porque piensen igual que ellos, ni porque
crean que políticas fracasadas y trasnochadas puedan funcionar aquí, por ello
confío en que tras reflexionar se dediquen a hacer de nuestro sistema algo más
justo, más limpio, más igualitario y más solidario, en donde los ciudadanos
puedan vivir en libertad, si lo consiguen,
ya habrá sido mucho.
