Desde que Federico Jiménez Losantos quedó prendado de Isabel Díaz Ayuso, su credibilidad como comunicador imparcial se ha ido diluyendo. Tras ese flechazo, tomó la deriva de atacar a Vox, acusando a diario a los de Abascal de estar al servicio de una supuesta secta, ataques que dirige especialmente contra aquellos dirigentes de Vox que él percibe como los más fieles a sus principios y menos dispuestos a pasar por el aro del Partido Popular.
Ningún medio serio, y yo consideraba que esRadio lo era, monta una campaña tan burda destinada a que quienes votan a Vox por los principios y valores que representa, cambien su voto y apoyen al partido de la líder política de sus sueños, por muy propietario del medio que sea. Federico y esRadio, son muy libres de tirar su credibilidad por la borda y de apuntarse a la idea de que todo vale para destruir a un rival político, porque a estas alturas es evidente que es así como Jiménez Losantos ve a Vox. Pero lo mínimo es que ese mismo personaje asuma las consecuencias de su deplorable conducta.
Como tendrá que estar el tema, que hasta ha acusado a Vox de ordenar a todos sus candidatos no conceder entrevistas a esRadio, una decisión que, si fuese cierta, yo aplaudiría, pues no se puede acudir a un medio que difama a diario a tu partido y a sus principales dirigentes. Hay que hacerse respetar.
Jiménez Losantos pretende que Vox sea la comparsa del degradado PP y siga sus pasos ideológicos, que se olvide de defender la vida desde la concepción, de su oposición a la ideología de género y el rechazo al adoctrinamiento escolar, simplemente porque en esas posiciones Vox choca con Ayuso, cuyas opiniones y deseos parecen haber sustituido a ese liberalismo ideológico que abanderaba en el pasado Jiménez Losantos y los medios que preside.
Los que atesoramos un enorme orgullo de pertenencia a Vox, vemos con alegría como nuestro partido le ha dicho basta a este personaje y le ha dejado claro que nunca pasará por el aro.
Dice la biblia que hay cantidad de dioses y señores, pero un solo Dios verdadero. Puede que alguien se crea ser el verdadero.