Tras las declaraciones
conocidas hoy de Felipe González, acusando a Pedro Sánchez de haberle engañado
cuando le aseguró que en la segunda votación de investidura de Mariano Rajoy,
se abstendrían los diputados socialistas, podemos afirmar que Sánchez está
sentenciado, y que su órdago lanzado lo perderá.
Pero es que además, han
ocurrido muchas cosas en estas últimas horas. Susana Díaz ha dado un paso al
frente y se postula claramente a la secretaría general, apostillando eso sí, “siempre
y cuando se lo pida la mayoría del partido”.
Ayer, en la reunión del
grupo parlamentario socialista, la inmensa mayoría de los diputados que
intervinieron lanzaron duras críticas contra Sánchez por atreverse a proponer la
convocatoria de un congreso federal inmediato para solventar la actual crisis
de liderazgo.
También es evidente, que
los que viven de la política y aspiran a seguir viviendo, no tienen ningún
pudor en abandonar el barco que se hunde y subirse al que parece que va a
ganar.
La única baza que le queda
a Pedro Sánchez, es la de mezclar su defenestración con la abstención en la
investidura de Rajoy, es decir, transmitir que lo quieren echar para que
gobierne el PP. Sus críticos deben transmitir que se le quiere echar, primero
porque es un inútil, porque ha fracasado, segundo porque toma decisiones en
clave de supervivencia personal, tercero, porque con su manera de actuar está
provocando la división del partido, y cuarto y mas importante, porque empieza a
convertirse en un peligro para el futuro España y el bienestar de los
españoles.
El Comité Federal del
sábado, va a convertirse en un acontecimiento histórico, pues puede suponer el
fin de ese zapaterismo que tanto mal le
ha hecho al socialismo español y a España, y que el PSOE vuelva a la senda de
la socialdemocracia, de la moderación y del patriotismo, aunque solo se
entienda como lealtad constitucional.
Si todo se arregla, ya
tendrán tiempo de desembarazarse de los elementos tóxicos, y me refiero a los
Iceta, Armengol, Elorza, y unos cuantos elementos más.
