Las declaraciones de ayer
de Felipe González asegurando a la Cadena SER, que Pedro Sánchez le engañó,
supuso el pistoletazo de salida a una rebelión en toda regla, algo jamás visto
antes.
La renuncia de 17 miembros de
la Comisión Ejecutiva, incluida la presidenta del PSOE, la mayoría de ella,
pues ya habían cesado antes otros tres y sus plazas no habían sido cubiertas,
constituía la defenestración de Pedro Sánchez.
Leyéndose los Estatutos del
PSOE, queda claro que la Comisión Ejecutiva ha quedado disuelta y que el
secretario general ya no lo es, aunque ahora pretendan aferrarse, a los
sillones y al poder, contándonos la milonga de que ellos hacen una lectura
distinta de los Estatutos.
Lo cierto es, que el PSOE
está desangrándose a la vista de todos, y que sus líderes se han enzarzado en
un combate a muerte.
Pedro Sánchez y los suyos,
que se han atrincherado en sus cargos, deben permitir que la Comisión de
Garantías se pronuncie aunque lo haga a favor de las tesis de los críticos y
disuelva la dirección. Eso de negarse a irse y denunciar que han sido víctimas
de un golpe de Estado, está muy visto. Todos sabemos, que la delirante huida
hacia delante de Sánchez, es la que ha provocado este terremoto en el seno del
PSOE.
El PSOE ha sido un elemento
fundamental en la consolidación de nuestra democracia y en la modernización de
nuestra sociedad, y en la actualidad debe de ser más importante que nunca
sirviendo de contrapeso tanto al PP por su derecha como a los radicales y populistas
de Podemos por su izquierda, y eso solo puede hacerlo desde su tradicional
posición socialdemócrata.
Si Pedro Sánchez comparte
las tesis de Podemos, lo que tienen que hacer, él y los pocos que le siguen, es
irse con ellos y no arrastrar a su partido haciéndole perder su identidad.
