La falta de colaboración
con la justicia del actual arzobispo de Granada, es desde mi punto de vista,
incompatible con los valores cristianos. Francisco Javier Martínez lleva ya
demasiado tiempo protegiendo a presuntos delincuentes pederastas disfrazados de
sacerdotes, una actitud que le está haciendo un gran daño a la Iglesia.
Todos recordamos cuando
Daniel, que ahora tiene 24 años, le comunicó al Papa que había sufrido abusos
sexuales diez años atrás, abusos cometidos por el grupo de sacerdotes
denominado “El clan de los Romanones”.
El juez del caso, lleva
desde noviembre solicitando información al arzobispado y hasta en cuatro
ocasiones ha alegado este diferentes excusas para no facilitar al juzgado las
declaraciones de los sacerdotes y religiosos acusados por la victima dentro de
la investigación interna de realizada en el ámbito de la Diocesis.
Tras advertir en un duro
auto, el titular del Juzgado de Instrucción nº 4 de Granada, Antonio Moreno, al
arzobispo de los posibles delitos que podría estar cometiendo, delitos de
falsedad, denegación de auxilio a la Justicia y desobediencia, por fin, el
arzobispado entregó la documentación referida.
Los siete sacerdotes
implicados en los abusos denunciados fueron imputados y posteriormente
desimputados al entender el juez que los eventuales delitos que hubieran podido
cometer habían prescrito.
Lo cierto es, que estos
sacerdotes siguen ejerciendo el sacerdocio y tratando con menores e inocentes
en sus centros parroquiales, sin que el arzobispo haya mostrado su apoyo a sus
víctimas, menores que vieron destrozada su infancia por estos desalmados que
tanto protege el señor arzobispo.
Como ciudadano me siento
perplejo ante este caso, y como cristiano, más todavía, ya que a mi modo de
entender una persona que se comporta de esa manera no puede ser el responsable
de una Diócesis.
