Ayer se celebró el 36º
aniversario de nuestra Constitución en pleno debate sobre la, necesidad o no,
de su reforma, una reforma que el partido en el Gobierno rechaza gracias a su
mayoría absoluta.
Que vivimos unos momentos
históricos cruciales, es evidente, algo que se escenificó ayer en la
tradicional recepción del Congreso de los Diputados, donde solo asistieron el
PP, PSOE, UPyD y Coalición Canaria, ya que una Izquierda Unida aquejada de
“podemitis” se ausentó y parece que ha decidido tirarse al monte. Conviene
resaltar que solo acudieron los presidentes autonómicos del Partido Popular,
algo muy preocupante.
Es evidente, que en estos
momentos unos quieren una nueva Constitución, otros directamente acabar con la
nación española, y otros, la mayoría entiendo, reformarla para mejorarla y
adaptarla a los tiempos que corren.
Es muy preocupante, que
demasiados olviden lo que hemos conseguido gracias a esta imperfecta Carta
Magna, una Constitución que nos ha dado los 36 años más provechosos de nuestra
historia, amplias libertades, modernización y mejora del nivel de vida de los
ciudadanos españoles.
Que nos diga Rajoy que
ahora no es el momento de afrontar esa reforma es una auténtica insensatez, por
lo visto, nuestro presidente piensa que como ahora la mayoría es
constitucionalista, es mejor esperar a que irrumpa Podemos y en vez de
encaminarnos hacia la deseada por muchos II Transición, nos conduzcan a la III
República.
Es evidente, que soy
partidario de una reforma de calado que conlleve la ansiada regeneración
democrática, en donde se consiga, entre otras cosas, que las sucias manos de
los partidos políticos descolonicen absolutamente todo y se circunscriban a sus
ámbitos naturales.
Si el PP se opone a la
reforma, la postura del PSOE deja también mucho que desear, pues se limita a
decir frases para que sean titulares en la prensa y no especifica nada. Le
recomiendo al PSOE y a todos los demás partidos que cojan unos folios, y que
desde el artículo 1, pongan a la izquierda el texto actual y a la derecha el
texto que ellos proponen, y así en todos los artículos de nuestra Carta Magna,
de esa manera “caerían las máscaras” y todos, absolutamente todos, sabríamos
cual es la propuesta de cada uno. Tan difícil es que cada uno haga públicas sus
intenciones.
Aquí lo que hace falta es que nunca un partido político tenga mayoría absoluta