Lo razonable sería que, en una Nación, todos sus ciudadanos estuvieran sujetos a una sola ley tributaria, pues de esa manera, todos seríamos tratados en condiciones de igualdad. Pero desgraciadamente, en España, con la maldita organización territorial que nos dimos en la Transición, el Estado de las Autonomías, eso nunca ha ocurrido.
Los gobiernos centrales de izquierdas se afanan en sangrarnos a impuestos y los gobiernos autonómicos que controlan, ellos y los separatistas de distinto pelaje que les apoyan, hacen lo mismo. Podemos decir sin temor a equivocarnos, que los impuestos en España han alcanzado ya el nivel de confiscatorios. Por el contrario, en las CCAA donde hay gobiernos de centroderecha, ocurre lo contrario, se dedican a bajar los que dependen de ellos. Resultado, el Gobierno acusa ya directamente a las CCAA que gobierna el centroderecha de hacer “dumping fiscal”.
Y es que la desigualdad que provoca el Estado autonómico hace posible que las distintas CCAA entren en competencia tributaria para atraer a particulares adinerados o a empresas para que se instalen en donde más rentable le salga.
No hay que ser ningún experto en Economía para saber que rebajar los impuestos hace que los ciudadanos tengan más dinero en su cartera para gastar, se reactive la Economía y el Estado ingrese más. Y en lo relativo a las empresas, puedan vender más, dar más trabajo, invertir más y tener más beneficios. Por eso, con los gobiernos de derechas se crea riqueza y con los de izquierdas siempre se crea pobreza.
El problema reside, en que unos y otros siguen manteniendo demasiadas, estructuras políticas y chiringuitos varios, todos improductivos, en detrimento de los servicios básicos que se les presta a los ciudadanos, por lo que el famoso Estado del bienestar está en retroceso.