En un conocido edificio de la ciudad de Tenerife, hace escasos días, se ha producido un hecho terrible que como siempre ha sido ocultado a la opinión pública española. Cuando una trabajadora se disponía a entrar en su oficina un poco antes de las siete de la mañana fue empujada por la espalda hasta el interior de la misma. El autor, un ilegal marroquí de 25 años que entró en Canarias el 31 de diciembre, se registró en la isla de Lanzarote y posteriormente, un día antes de la agresión, fue trasladado a la isla de Tenerife para su tutela en el centro de inmigrantes de Las Raíces.
Este salvaje que ampara nuestro infame Gobierno, la agredió brutalmente desfigurándole la cara y acto seguido, terminó “agrediéndola sexualmente por orificio vaginal y anal, para a continuación, obligarla a hacerle una felación”. El detenido huyó después, pero inmediatamente fue interceptado en el intercambiador del propio edificio. La agresión fue grabada por las cámaras de seguridad de la oficina donde abordó a su víctima y la grabación es de una hora de duración.
Si estos hechos los hubiese protagonizado un español, los diferentes medios nos hubiesen bombardeado hasta la extenuación para demostrarnos lo machistas y lo culpables que somos todos nosotros, pero al ser un ilegal musulmán, hacen lo de siempre, lo ocultan para que no percibamos el monumental problema que se está gestando por la invasión de salvajes incompatibles con nuestra sociedad, nuestra cultura y los valores que representa, incapaces de adaptarse y que multiplican hasta el infinito la inseguridad en nuestras calles, que proceden del continente africano.
Canarias se está convirtiendo en un polvorín que cualquier día explotará, me pongo en el lugar de un padre, de un esposo, de un hermano, que cada día ven como salen ellas de sus casas y no saben, si volverán y como volverán. El empecinamiento de la izquierda con favorecer la invasión, está amargándoles la vida, particularmente a los canarios y en general a todos nosotros.