Mientras el resto de España
se ha puesto en marcha, Madrid sigue paralizada. Es la única región a la que el
gobierno de España ha negado sistemáticamente todas sus peticiones. La falta de
transparencia en el proceso es total, pues ni siquiera se saben, quien ha
realizado la evaluación, ni de qué manera se ha hecho. No se conocen tampoco
los criterios aplicados, ni se quiere publicar el informe que sustenta el
rechazo a pasar de fase, de hecho, Sánchez se niega a facilitarlo. Si no hay
razones técnicas, es evidente que las decisiones se basan exclusivamente en
razones de revanchismo político. El daño para Madrid va a ser incalculable.
El futuro de millones de
españoles no puede depender de la venganza que tome un presidente sin escrúpulos
contra sus adversarios políticos, quienes da la casualidad que gobiernan la
región más rica de España y la que más aporta a la caja común.
A Pedro Sánchez, ya se le ha
visto el plumero, por una parte, putear a las CCAA que no gobiernan, ni la
izquierda ni sus socios antiespañoles, y por otra, intentar una última prórroga
del Estado de Alarma, esta de un mes, con el objeto de llegar a un periodo en
el que las sesiones parlamentarias se suspenden, continuando así con el autoritarismo
casi dictatorial que le confiere esta situación excepcional hasta septiembre,
sin ningún tipo de fiscalización parlamentaria, y con el tiempo suficiente que
le permita hacer desaparecer pruebas de los delitos que ha perpetrado en este
periodo y que son innumerables. No hablo solo de miles de homicidios cuya
tipificación se la dejo a los juristas, incluso se han adquirido y repartido
EPIs caducados, y sin el sello CE, hasta a sanitarios, con tal
de que la comisión se la lleven amiguetes. Esas compras, con esas
características, han sido autorizadas y publicadas en el BOE.
Recordemos que hay muchas
denuncias interpuestas contra este Gobierno en los tribunales de Justicia, de
particulares y de numerosos colectivos, y que con las pruebas que existen, no
es descartable que, a esta banda, que no gobierno, la veamos en el futuro
sentada en el banquillo y condenada.
