Mientras que el grueso de los países que conforman la Unión Europea se pone de perfil, demostrando su habitual cobardía, nuestro “ayatolá” particular, Pedro Sánchez, critica el ataque llevado a cabo por Estados Unidos e Israel contra Irán rechazando la intervención militar y reclamando una “reducción de la tensión”. Haciéndolo en un contexto internacional donde se esperaría firmeza frente al terrorismo y a los regímenes autoritarios. Pedro Sánchez se ha erigido como uno de los pocos dirigentes europeos que se atrevió a censurar la ofensiva conjunta de Estados Unidos e Israel contra Irán.
La postura de Sánchez, lo sitúa peligrosamente en sintonía con la izquierda radical y sus afinidades con gobiernos dictatoriales y vuelve a evidenciar el desajuste del presidente español con los intereses del bloque occidental. Mientras la Unión Europea se limita a declaraciones genéricas de “preocupación”, sin atreverse a cuestionar la operación militar, Sánchez ha optado por alinearse con Teherán, obviando las amenazas reales que el régimen iraní supone para la seguridad internacional.
Incluso Sánchez se ha atrevido en sus RRSS a pedir respeto íntegro del derecho internacional, por lo visto, para él es eso más importante que respetar los DDHH de los iraníes. En su posicionamiento demuestra una vez más su debilidad ante los enemigos de las democracias liberales, dando prioridad al apaciguamiento antes que a la defensa de nuestros aliados. Aun cuando mencionó su oposición al “régimen iraní y a la Guardia Revolucionaria”, sus palabras resultan vacías en un contexto donde Irán ha desempeñado un papel clave en la desestabilización regional financiando organizaciones terroristas.
Es evidente que Sánchez está aislado. Posiblemente, lo esté aún más fuera que dentro, pues ni siquiera la Comisión Europea ha emitido una condena formal, pues en un comunicado se limitaron a reiterar su “preocupación” por los “acontecimientos inquietantes” en Irán e instaron a evitar acciones que “intensifiquen las tensiones”, reafirmando su apoyo a la “estabilidad en la región”.
Un lenguaje diplomático tibio, que elude reconocer que la ofensiva fue una respuesta a las crecientes provocaciones nucleares y de todo tipo de Teherán. Algunos líderes europeos de corte conservador, como los de Polonia o Hungría, han guardado silencio o han expresado respaldo implícito a la operación, conscientes de que la seguridad común exige una posición firme ante este tipo de amenazas.
La sintonía de Sánchez con las corrientes más radicales no es nueva. Su gabinete, sostenido por formaciones de la izquierda como Podemos y Sumar, ha mostrado en repetidas ocasiones simpatías por causas contrarias a los intereses occidentales.
En un momento en que Europa necesita estar unida frente a sus potenciales enemigos, el líder español opta por el aislacionismo ideológico, debilitando el papel de España en el escenario internacional con declaraciones que se pueden calificar como de “obsequio a los ayatolás”, al alimentar con ellas la impunidad de regímenes represivos.
En conclusión, esta condena en solitario no solo aísla a España, sino que deja en entredicho si el gobierno prioriza la seguridad del país o la agenda de la izquierda más radical.
Nunca debemos olvidar, que las grandes víctimas en Irán son las mujeres, quienes aún tienen en su memoria la sociedad que vivieron sus abuelas, mujeres que podían llevar minifalda y hasta bikini cuando el Sha de Persia dirigía los destinos de su país y que ahora, son obligadas a ir con el rostro tapado bajo amenaza de muerte si no lo hacen. Es evidente, que Sánchez y toda la izquierda española, esos que aparentar defender a las mujeres, se ponen del lado de sus verdugos por motivos ideológicos.
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