¿Alguien se imagina a un político comunista, socialista o popular que, siendo portavoz de su partido en el Congreso, con todo lo que eso conlleva para él en todos los aspectos, abandone la política activa y se vaya a su casa por cuestiones personales o familiares? Pues no, no nos lo imaginamos, esa es la diferencia entre Vox y los demás.
Iván Espinosa de los Monteros, lo ha hecho, simplemente, porque él se gana la vida sin problemas fuera de la política, al contrario de lo que le ocurre a la mayoría de los políticos de otros partidos, esos que han hecho del “si bwana” al jefe de turno su objetivo para garantizarse su eterno bienestar a nuestra costa.
Es curioso, que todos los medios que llevan años silenciando a Vox o simplemente, tergiversando su mensaje, nos digan ahora, que el que se va era el mejor y que su marcha es el principio del fin del partido de Abascal. Resulta vergonzoso oír las tertulias políticas en emisoras de radio o en televisiones, sobre todo, las supuestamente de derechas, pues parecen no entender que Vox es su líder, Santiago Abascal y sobre todo, principios y valores, esos que solo defienden ellos y por supuesto, que todos somos necesarios en esta vida, pero que ninguno somos imprescindibles, posiblemente, a excepción de Santiago Abascal, que a fecha de hoy sí lo es.
Nos dicen que, tras la pérdida de 600.000 votos en las pasadas elecciones generales, la ida de Iván va a significar la puntilla y que Vox va a seguir el camino que siguieron UPyD o Ciudadanos, eso es precisamente lo que desean pero que nunca conseguirán. Lo que no dicen es que a esos votantes de Vox que votaron al PP en pos del famoso “voto útil” les engañaron miserablemente y que casi todos ellos han aprendido la lección y jamás volverán a hacerlo.
El malintencionado mensaje que lanzan los medios no puede calar entre los votantes de Vox, pues hace ya mucho que se convencieron de que lo que Abascal y los suyos pretenden llevar a cabo es lo único que puede salvar a nuestra sociedad y garantizarles un futuro a las generaciones futuras.
Europa y España más si cabe, por mucho que la Unión Europea se negara a mencionarlo en su carta fundacional, tienen sus raíces en Roma y en la Cruz, y de ahí hemos heredado unos valores que están a la baja y que demasiados pretenden eliminar, de ahí la necesidad y la importancia de que Vox siga creciendo, de que Meloni gobierne Italia o de que Polonia y Hungría formen parte ya de esa otra Europa posible, la de los valores y la soberanía de sus pueblos.