En muy pocas horas hemos sabido, que tanto el hermano del psicópata como su esposa, Begoña, van a sentarse en el banquillo por las fechorías que han cometido. Supuestos delitos que pocos dudan se perpetraron con la complicidad de nuestro infame presidente, esposo y hermano de los supuestos delincuentes.
Desde que Sánchez llegó a La Moncloa, la corrupción y el enchufismo pasaron de su partido al Gobierno. Soy de los convencidos de que el saqueo de las arcas públicas en beneficio de él, su familia, su gobierno y su partido siempre fue su prioridad desde el primer día, por otra parte, lo que ha sido siempre el comportamiento de unas siglas, las del PSOE, que a lo largo de su historia siempre estuvieron ligadas al delito y al crimen.
Junto a su esposa Begoña, también serán juzgados, su asesora Cristina Álvarez y el delegado del Gobierno en Madrid, Francisco Martín Aguirre. Así lo ha decidido el Juzgado de Instrucción número 41 de Madrid y ha propuesto que la esposa del presidente del Gobierno sea juzgada por un jurado popular por un presunto delito de malversación de caudales públicos.
Para el juez Juan Carlos Peinado, hay pruebas suficientes que demuestran que la contratación de la asesora fue fraudulenta y que sobrepasó las funciones públicas que tenía asignadas con el objetivo de favorecer el plan delictivo de la investigada en el delito de tráfico de influencias, mediante la desviación de medios públicos puestos indebidamente al servicio de intereses particulares o estrictamente privados.
Y en lo referente al hermano del psicópata, tras todo lo que se ha conocido, que decía residir en una localidad portuguesa y que por ello no pagaba impuestos en España pese a trabajar mediante enchufe en un puesto público en Badajoz, pero que era falso, pues residía en un “zulo de lujo de La Moncloa”, qué os voy a decir, pues que cuando en un país supuestamente europeo y occidental pasan estas cosas, más propias de una república bananera, es que tenemos gobernantes que se dedican a desguazar lo que comenzó en la Transición y de paso, sin pudor alguno, se forran a nuestra costa.
Seguro que, si estuviera aún entre nosotros Julio Anguita, no entendería a esa izquierda visceral, porque no hay otra, que sigue apoyando a Sánchez pese a todo.
Podemos saber el desenlace de esta novela tan telúrica
Puede que sea juzgado por un juez progresista