Tengo que empezar diciendo, que me sorprende enormemente, por una parte, la inquina de la España conservadora hacia este personaje, y por otra, el culto que le profesa parte de la izquierda.
Nadie un poco sensato pone en duda que el juez Garzón le prestó en el pasado grandes servicios al Estado, al igual que otros muchos jueces que han preferido hacerlo desde la discreción inherente a su profesión, no sintiéndose necesitados de alimentar su ego convirtiéndose en estrellas mediáticas.
Que nadie olvide que a Garzón se le juzga por declararse competente para abrir una causa contra el franquismo, por vulnerar los derechos humanos de varios presos y por solicitar, gestionar y obtener para su propio ciclo de seminarios 1,2 millones de euros de bancos y grandes empresas, algunos de los cuales tuvieron procedimientos penales abiertos en su propio juzgado.
Garzón no puede negarse a aceptar una denuncia contra Santiago Carrillo, presentada por los familiares de un asesinado en Paracuellos, alegando que lo impedía la Ley de Amnistía, y en cambio, intentar abrir una causa contra los crímenes del franquismo obviando dicha Ley. Un juez no puede tener un comportamiento tan parcial y sectario.
El problema quizás sea que nuestras leyes actuales permiten a un juez participar en política y posteriormente volver a la carrera judicial, para mi una auténtica aberración.
Garzón no podía poner micrófonos para escuchar las conversaciones de los presos con sus abogados, lo hizo y vulnero gravemente los derechos humanos.
Garzón tampoco podía extorsionar, bueno a esto le llaman en lenguaje jurídico cohecho impropio, a bancos y grandes empresas para que patrocinaran su ciclo de seminarios, cuando estos tuvieron procedimientos abiertos en su juzgado y sabía que no se podían negar. Y lo hizo.
Le doy la razón a los que defienden a Garzón en una cosa, tengo muy claro que la mayoría de los jueces de nuestro país están encantados con lo que le está ocurriendo, he hablado con algunos de ellos y coinciden en afirmar que ven en él todo lo que no debe ser un juez, incluida su aventura política.
También tengo que decir que los que defienden a Garzón no representan a la izquierda de este país, conozco a muchos de ellos, espíritus libres y críticos, muy críticos, que consideran que Garzón debe pagar por lo que ha hecho. Y que por supuesto, los servicios prestados a su país con anterioridad no le deben hacer impune de por vida, que la ley es para todos.
Al final, los que salen a la calle para apoyar a Garzón y a llamar fascistas a los magistrados del Supremo, son los que si pudieran borrarían la Transición de nuestra historia. El problema es que si eso hubiese sido así, lo mismo en estos momentos a mí no se me permitiría escribir en libertad ni viviría en una democracia, una democracia muy imperfecta pero, sin duda, mejor que cualquier dictadura del signo que sea.
Lo repetiré una y mil veces si hace falta, la Transición fue perdón y reconciliación, y la mayoría apostó por ello. Creo que ya es hora de mirar hacia el futuro.
Alejandro se convierte en juez. Por lo que todavía no se ha juzgado o no se ha dictado sentencia, Alejandro resuelve de manera categórica. Qué proyecto de Juez perdió la actual judicatura y qué proyecto de juez ganamos los ciudadanos.
Me parece bueno tu artículo.De todas formas hay que esperar al juicio.
Estoy de acuerdo que en un juez no puede ser tan claramente palpable su ideologia política. Y aunque la tengan, no debe de notarse.Y por supuesto no influir en los juicios.
Tarea difícil la de los jueces.
Me temo, Alejandro, que con la Ley de Memoria Histórica se reabre la herida. Y si resulta que cae en manos de alguien con ambiciones políticas desmesuradas ya tenemos el lío resucitado.
Dicha ley es inconstitucional, ya que contradice la Ley de Amnistía del año 1977. Si dicha ley no tiene valor, habría que ir a por todos los que cometieron alguna barbaridad durante la Guerra Civil y la II República que, en ambos casos, fueron muchos.