Ayer comenzó el juicio contra
Artur Mas, Joana Ortega e Irene Rigau, por un delito de desobediencia al
Tribunal Constitucional, y lo hizo, con un nuevo desplante a la Justicia y un
intento de politización inaceptable, pues ellos no se sientan en el banquillo
por sus ideas, se sientan por no cumplir la ley. Estos tres delincuentes, están
acusados de desobediencia y prevaricación por la organización de la consulta
del 9 de noviembre de 2014.
Los tres acusados se
presentaron ante el Tribunal cuarenta minutos tarde, después de una larga
marcha de casi hora y media desde la sede de la Generalidad hasta el Palacio de
Justicia, y arropados por unos 25.000 independentistas traídos en autobuses
desde otros municipios y casi todos, cargos electos y empleados públicos. Los
casi 200 autobuses seguro que se han pagado con ese dinero procedente de
nuestros impuestos que el ministro Montoro les inyecta con tanto gusto.
La escenificación de este
aquelarre separatista fue seguida con un gran despliegue por TV3, la cadena
pública que solo está al servicio de los independentistas catalanes.
A semejante patochada paleta,
también asistieron, Puigdemont y Forcadell, una conducta a todas luces
reprobable de los máximos representantes del Estado en Cataluña, una imagen que
demuestra que están instalados en la sedición y que por ello deberían estar
entre rejas.
Los delincuentes sediciosos
recibieron el apoyo y el calor, de Podemos, que evidentemente abriría la puerta
de la secesión en cuanto tuviera el poder suficiente, y de EH Bildu. Es decir,
ayer se reunió lo más florido de la anti España.
Los separatistas alardean de
voluntad democrática, cuando saben perfectamente, que no hay nada más
antidemocrático que no respetar la legalidad.
Lo de ayer me recordaba, a
todas esas marchas organizadas por tantos y tantos dictadores a lo largo de la
historia, propio de una república
bananera, eso es en lo que quieren convertir los sediciosos a Cataluña.
