El feminismo es una ideología perversa, pues atribuye culpas a un colectivo entero simplemente por ser de un determinado sexo en vez de valorar a cada hombre por sus actos. En su afán irracional por criminalizar a todo un colectivo señala a media humanidad.
El principal problema que encuentra el feminismo izquierdista a la hora de sostener su odio irracional a los hombres es que contradice los datos estadísticos. Si las feministas demonizan a los hombres porque un pequeño o residual porcentaje asesina y maltrata a mujeres, algo que cierto, nos provoca un gran rechazo a la inmensa mayoría de los hombres, también debería demonizar a colectivos en los que esos delitos presentan porcentajes mayores, como por ejemplo los extranjeros en el caso de España, pero eso, curiosamente no ocurre.
El 45% de los asesinatos de mujeres en 2023 los han cometido extranjeros, según un documento oficial del Ministerio de Igualdad, un departamento en manos de la comunista podemita, Irene Montero. Concretamente, el porcentaje es del 45,2%. Los que no saben muchas matemáticas se conformarán pensando que es una minoría frente al 54,8% de mujeres asesinadas por españoles. Sin embargo, los extranjeros son el 12,63% de la población de España. Eso significa una enorme incidencia de esos crímenes entre la población extranjera y residual entre la española. Mi intención no es la de demonizar a los extranjeros, pero la realidad es esa.
Las estadísticas son un indicador de la realidad social. Que haya una mayor proporción de delincuentes en general y de asesinos de mujeres en particular entre los extranjeros no significa que todos los extranjeros sean delincuentes ni asesinos de mujeres, de la misma forma que el resto de los hombres no somos culpables de los crímenes de una minoría. Estoy seguro de que la gran mayoría de los extranjeros, al igual que la gran mayoría de los españoles, son buenas personas que nunca hacen daño a nadie.
Lo curioso de ese dato es que el Ministerio de Igualdad no lo ha comentado. Más bien, lo ha ocultado. Si los inmigrantes de ciertas nacionalidades son estadísticamente más problemáticos que otros, por proceder de un entorno cultural donde la mujer sufre un claro menosprecio, esto debería tenerse en cuenta a la hora de regular los flujos migratorios, por una cuestión básica de seguridad nacional. Pero nuestro Gobierno se niega sistemáticamente a dar a conocer sus nacionalidades.
En España ya hemos empezado a ver algo que también ha pasado en otros países europeos, el silencio del feminismo izquierdista cuando alguna mujer sufre una violación por parte de un inmigrante, como si ese caso importarse menos que una violación a manos de un español. Y es que entre los colectivos «oprimidos» para la izquierda hay categorías, por encima de las mujeres está el colectivo LGTB, por eso gran parte del feminismo izquierdista no tiene reparos en apoyar leyes trans que son una amenaza para las mujeres, y por encima de las mujeres y del colectivo LGTB están los inmigrantes, especialmente si son musulmanes. Esta es una realidad que casi todos ocultan y muy incomprensible ya que, si la izquierda está con los trans y con los mayores depredadores de mujeres, como puede querer erigirse en la defensora de las mujeres.