La Ley de Memoria Democrática es un intento de la izquierda “siempre totalitaria” de borrar de la historia lo que a ella le conviene, es decir, su oscuro y antidemocrático pasado. Acertaríamos si la denominásemos Ley de Amnesia.
Recordemos que los socialistas unieron sus votos a los de los proetarras para sacar adelante esa ley. El PSOE está haciendo suya la visión histórica de Bildu, de Podemos y del resto de la ultraizquierda. Una visión según la cual la Transición no habría sido realmente tal, la Transición habría consistido simplemente en un enjuague destinado a cambiarlo todo para que todo siga igual, y por tanto no tendríamos aún en España una verdadera democracia.
ETA mató a 388 personas entre 1976 y 1983, periodo que el PSOE ha aceptado en el que sea aplicable esa ley a petición de los proetarras. Por tanto, según esa ley esa ola de asesinatos pasaría a ser entendible como resistencia democrática frente a un gobierno tardofranquista. Por tanto, esta ley deslegitima a la Transición.
Es una ley “totalitaria”, porque impone una visión oficial de la historia, y una visión, además, extraordinariamente sectaria, algo propio de regímenes totalitarios. En los países libres, el gobierno permite que los ciudadanos lleguen a sus propias conclusiones sobre la historia, basándose en sus propias investigaciones, sus propias lecturas. Por tanto, el concepto mismo de memoria democrática es totalmente contradictorio.
Esta Ley pretende grabar en las mentes de los españoles una falsedad, la izquierda es igual a libertad y democracia, y la derecha es igual a fascismo y represión, porque de eso se trata. Pretenden conseguir votos ahora con los muertos de 1936 falseando la historia.
La II República no fue una democracia ejemplar, ya lo dijo el presidente de la República, Niceto Alcalá Zamora, cuando escribió en sus memorias que la Constitución del 31 había sido una Constitución para la guerra civil, es decir, la semilla de la guerra civil estaba ya implícita en el sectarismo de esa Constitución. La semilla estaba también en la quema de conventos del 10 de mayo del 31, con la que se saludó la llegada de la República sin que el gobierno moviese un dedo para impedirla.
Los propios izquierdistas de los años 30 dejaban claro que ellos no luchaban por la democracia, sino por el socialismo, y que la democracia en todo caso les interesaba como un instrumento de advenimiento del socialismo. El más claro al respecto era Francisco Largo Caballero, el Lenin español, que por ejemplo dijo en el mitin del Cine Europa del 22 de enero de 1936: “Si las derechas no se dejan vencer en las urnas, tendremos que vencerlas por otros medios, hasta que la roja bandera del socialismo ondee en el edificio que queráis”. En otro mitin de esa campaña dijo: “Si vence la derecha en las elecciones tendremos que ir a la guerra civil declarada“.
Pues bien, toda esta verdad histórica, la izquierda impide que nuestros hijos y nietos la conozcan en sus escuelas, enseñándoles a cambio una sarta de mentiras.