En marzo de 2014, con motivo del Día Mundial del Síndrome de Down, la Fundación Jerome Lejeune, en colaboración con la asociación italiana Coordown, coprodujo el vídeo titulado “Querida futura mamá“, en el que 15 personas con Síndrome de Down, de diferentes países europeos, hablaban con una mujer embarazada de un niño con esta discapacidad, para tranquilizarla sobre su futuro. Cada uno se expresaba en su idioma en términos muy conmovedores, para demostrar que los niños con síndrome de Down podían ser tan felices como cualquier otro niño.
Pocas semanas después de su aparición en los canales de televisión franceses (M6, Canal+ y D8), el Consejo Superior Audiovisual censuró el video prohibiendo su emisión en un contexto publicitario, por lo que “los niños con síndrome de Down no podrán mostrar en Francia que son felices en anuncios”, considerándolo inapropiado porque la expresión de felicidad de los jóvenes que aparecen en él “probablemente perturbaría la conciencia de las mujeres que habían decidido abortarlos”.
Los colectivos promotores del video recurrieron al Tribunal Europeo de DDHH y ahora este alto tribunal se ha pronunciado inadmitiendo el recurso, demostrándose que la Unión Europea está controlada por quienes defienden la cultura de la muerte, algo que por otra parte ya sabíamos.
Este asunto me afecta especialmente porque soy hermano del conocido bailarín sevillano, Helliot Baeza, quien pese a tener Síndrome de Down, ha demostrado su arte por todo el mundo. Elliot ha sido una auténtica bendición para su familia y un orgullo para Sevilla, Andalucía y España, una persona que es feliz haciendo lo que hace y que trasmite esa felicidad a todos los que le rodean.
Estimado Alejandro Magna Calva, se está cumpliendo lo que le dijo San Juan Pablo II a mi hermano: todo está en la Biblia. En 1960 debería haberse consagrado Rusia al sagrado corazón de María y publicado el tercer misterio de Fátima, pero se convocó el Concilio Vaticano II para abrir la Iglesia al mundo cuando su misión es la contraria, que el mundo se abra a la Iglesia, se eliminó el latín como lengua oficial, el credo de los apóstoles se cambió a un galimatías y la confusión de lenguas en Babel a la orden del día. La profecía de «miré y algún hombre vi y ninguna mujer cumplida», Estamos en el Armagedón.