Lo
primero que quiero dejar claro, es que como cualquier español que
quiere lo mejor para su país, deseaba que Madrid fuera designada
sede de los JJOO de 2020, pues unos JJOO bien gestionados son
positivos en todo. Lo que sucede, es que siempre tuve la sensación
de que sería muy difícil, por no decir imposible.
Puedo
entender, que los responsables de la candidatura nos enviaran
continuos mensajes de optimismo, pero lo cierto es, que conforme se
acercaba el desenlace, ese optimismo responsable se convirtió en un
triunfalismo, mas bien irresponsable, pues ayer quedó demostrado que
Madrid jamás tuvo posibilidades de ganar.
Si
los responsables de nuestra candidatura se creyeron las buenas
palabras de quienes parecían apoyarnos, han demostrado ser unos
ingenuos a los que el cargo les venía grande.
Nadie
dudaba que teníamos unas excelentes infraestructuras ya terminadas,
que el apoyo de la ciudadanía española a la candidatura era muy
grande, y que Madrid era una gran ciudad capaz de organizar unos
grandes juegos.
Madrid
2020 ha sido víctima de la deplorable imagen exterior que tiene
España. En la última década, gracias a Zapatero, sobre todo, y
actualmente a Rajoy, la pérdida de peso internacional de nuestro
país ha sido enorme, y la imagen de España ha sufrido un gran
deterioro.
La
corrupción, de nuestra clase política y de las administraciones,
unida a la grave crisis económica que sufrimos, han sido portada en
los medios de comunicación de todo el mundo. El caso de los ERE y el
caso Bárcenas, por poner los dos ejemplos más sangrantes, son
conocidos en el mundo entero, y sobre todo en eso que llaman el
“primer mundo”. Nadie entiende lo que ocurre aquí, y sobre todo,
porqué nadie pretende arreglarlo.
Alguien
piensa que conociendo nuestra realidad, los países mas influyentes
nos van a dar ese regalo, ¿alguien piensa que a esta España, mas
cainita que nunca, le van a dar mas que a Japón?. Si, a ese país en
donde un político dimite por cometer un acto reprobable pero de
importancia mínima.
No
quiero terminar sin alabar la brillante exposición que realizó el
Príncipe Felipe, en contraposición con las mediocres intervenciones
de los políticos.