Ayer confluyeron en la
madrileña plaza de Colón las llamadas Marchas de la Dignidad, llegaron
manifestantes de toda España. Ha sido justo un año después de las
multitudinarias Marchas de la Dignidad del 22 de marzo de 2014. La asistencia
de este año ha sido bastante menor, aunque sí que es cierto, que la lluvia y el
mal tiempo han disuadido a muchos, a la vez que, también coincidía con la
víspera de las elecciones andaluzas.
Muchos de los que no
acudimos, es evidente, que entendemos gran parte de las reivindicaciones que
coreaban los manifestantes, pues vivimos en un país en el que impera la
injusticia social. Con empleo precario y salarios mínimos es imposible mantener
la dignidad de las familias, y que decir de una tasa de paro que sigue en el
24% y de una cobertura de prestaciones por desempleo que apenas cubre al 58% de
esos parados, y que decir de los desahucios. Ayer se gritaba contra el
bipartidismo, al que culpaban con toda la razón, de todos los males que
padecemos, de la corrupción y de las irregularidades fiscales que saquean las
arcas públicas.
Ayer se respiraba entre los
manifestantes la nueva sensación, de que por fin, el bipartidismo puede caer,
por ello ya no se pedía la abstención, se decía “Abstención es rendición,
acabarán con todo si no votamos a otros”.
El problema es, que ayer
ocurrió lo que siempre ha ocurrido, por ejemplo, en todas las concentraciones
del 1º de mayo, los símbolos que se exhiben disuaden a la gran mayoría de los
ciudadanos a acudir, ayer se reeditó la escenografía rancia de las banderas
rojas con la hoz y el martillo, y la de las banderas tricolores. Menos mal que
en la plaza de Colón está desplegada permanentemente una bandera nacional, la
constitucional, la bandera con la que se identifica la gran mayoría de la
ciudadanía y es respetada por casi todos.
Desde mi punto de vista,
para pedir justicia no es necesario recurrir a símbolos de triste recuerdo,
para la humanidad en general, y para nosotros en particular. La justicia se
pide desde nuestra condición de ciudadanos y no, desde ideologías fracasadas o
desde quienes se identifican con los que fueron derrotados hace 77 años en
nuestra guerra civil y no aceptan el perdón y la reconciliación que significó
la Transición.
Es evidente, que la mayoría
de los ciudadanos quieren regenerar nuestra más que imperfecta democracia,
mientras más unidos estemos antes se conseguirá.
