Uno mira con mucha preocupación el lodazal en que se ha convertido nuestra política y se ha trasladado a nuestra sociedad, una circunstancia que nos hace preguntarnos a todos esos “disidentes” que ponemos por escrito lo que opinamos sobre todo lo que le acontece a España y a Occidente, por qué estamos luchando realmente.
Por edad, recuerdo perfectamente como era la sociedad española de la última década franquista y la primera de la democracia, por lo que puedo afirmar sin temor a equivocarme, que en la mayoría de las cosas todo se ha deteriorado enormemente. Los valores y los principios que imperaban en aquella sociedad, esos que muchos hemos tratado de trasmitirles a nuestros hijos, han sido casi destruidos mediante esa ingeniería social en la que es experta la izquierda.
Pero lo sorprendente, es que el Partido Popular, ese que supuestamente representa a la derecha social, algo que dudo muy seriamente, se ha convertido en el principal cómplice de la izquierda en su tarea de demolición de todo lo bueno que atesoraba nuestra sociedad ¿O alguien aún piensa que apoyar el aborto, la eutanasia, la ideología de género, la memoria histórica o la agenda 2030 entre otras aberraciones es propio de un partido de derechas?
Pero no es solo el PP, es que la propia Iglesia católica, desde su jerarquía y desde los medios que controla, también se ha convertido en cómplice de esa demolición, apoyando al PP sin fisuras y nunca denunciando su deriva.
Al final uno llega a la conclusión de que, por supuesto, uno lucha por esa meta de que España vuelva a ser grande otra vez, pero también, porque nuestra civilización, porque no solo Europa sino también, todo Occidente, mantenga esas raíces cristianas que están siendo arrancadas de nuestra sociedad, por la izquierda, por traidores partidos de derecha y hasta por una Iglesia irreconocible.
Como la esperanza es lo último que se pierde, recemos a la vez que les combatimos.
Una vidente dijo que 40 años antes del 2.000 Satanás se haría con La Iglesia. No se publicó el tercer secreto de Fátima ni se consagró Rusia a la Virgen, simplemente el concilio vaticano II con el lema abrir la Iglesia al mundo, todo lo contrario de que el mundo se abra al evangelio.