La última columna de Guy Sorman en el diario ABC del pasado día 16, titulada “Los antivacunas son unos criminales”, en la que acusaba a los miembros de ese colectivo de egoístas y altruistas, acusándoles también de que no solo arriesgan su vida, sino que también arriesgan la vida de todos los que los rodean, y que todos eran, delincuentes en potencia y en libertad, ha levantado ampollas.
Vivimos en una sociedad plural y libre, y nuestros derechos constitucionales y fundamentales impiden que se nos pueda obligar a la fuerza a que se nos inocule un fármaco contra nuestra voluntad, dando igual que se sea sanitario o empleado de una residencia de ancianos. Si esto lo tenemos claro, lo demás es mucho más fácil de entender.
Si una parte de la población se niega a participar en eso que ellos llaman “experimento vacunación Covid”, al considerar que nos empeñamos en llamar vacunas a eso que solo son “medicamentos experimentales” que han demostrado suficientemente su ineficacia e inseguridad, y que podrían producir efectos secundarios y problemas de salud imprevisibles, pues están en su derecho de negarse. A los incrédulos les pediría que se vayan a la web de la OMS y se lean la definición oficial de vacuna. Verán que los compuestos génicos de Pfizer y Moderna al menos, no pueden denominarse vacunas.
Se comete un gran error al englobar a todo el que no se quiere vacunar en eso que llaman, antivacunas o negacionista, pues muchas personas lo hacen por muchas otras razones. Yo mismo estoy vacunado con las dos dosis porque tuve la suerte de que me propusieran ponerme la vacuna de un laboratorio que no contenía ARNm (AstraZeneca). Si hubiese libertad de elección de vacuna, muchos más se vacunarían.