A Sánchez le viene muy bien lo que está pasando, porque cuando cada día se destapa un escándalo mayor que el día anterior, la ciudadanía termina por olvidarse del pasado reciente, y si el escándalo roza el esperpento reiterado, como ha ocurrido hoy, los ciudadanos se terminan hastiando de tanta podredumbre y acaban repitiendo esa frase tan fatídica para un pueblo, esa de que “todos los políticos son iguales”, una frase que en el fondo significa que los españoles renuncian a rebelarse y que tiran la toalla.
Evidentemente, todos no, yo al menos, no. Porque pienso que España tiene solución, simplemente, consiguiendo que el bipartidismo aparte sus sucias manos del timón de España y lleguen otros a los que sí les importan, España y los españoles.
La izquierda solo ha llegado al poder para robarnos y empobrecernos, mientras que la derecha cuando lo ha hecho, nunca se ha atrevido a cambiar el rumbo, limitándose a gestionar, es decir, a llenar de nuevo las arcas públicas para que cuando vuelva el rojerío tenga dinamita para seguir, robando y demoliendo los cimientos de nuestra democracia.
Sánchez ha convertido la política en un lodazal en el que el PSOE sabe moverse muy bien gracias a su amoralidad y la inexistencia, por lo tanto, de esas líneas rojas que todo gobernante debe tener. Ahora, Page, Lambán, Díaz o Redondo Terreros están muy preocupados por lo que le pase al PSOE en las autonómicas y municipales, sabedores de que los candidatos socialistas serán vistos por los ciudadanos como los hombres del canalla de Sánchez en su región o municipio, pero nos mienten. Page pudo haberle dicho en numerosas ocasiones a todos los diputados de Castilla La Mancha que votaran en contra de todas y cada una de las barbaridades aprobadas en el Congreso, pero jamás lo hizo.
Pero no nos equivoquemos, si ha sido posible que el PSOE haya llevado a España a la situación actual, ha sido gracias al colaboracionismo directo o indirecto del Partido Popular. Un solo ejemplo, si el golpista presidente del Tribunal Constitucional es Cándido Conde Pumpido, ha sido gracias a que el PP lo permitió en su momento. El PP es culpable, no solo por negarse a dar la batalla cultural a la izquierda, si no también, por haber sido el colaborador necesario para que, primero Zapatero y después Sánchez, desactivaran los escasos contrapoderes que en el 78 se pusieron en nuestra Carta Magna para que nuestra nación se pudiese defender de cualquier enemigo de España que pudiera acceder al poder.
Y si hablamos de la sociedad PP-PSOE en Bruselas, ya hasta vomitamos.
ARRIBAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA
ESPAÑAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA