Todo parece indicar, que
las conversaciones secretas llevadas a cabo durante meses por PP, PSOE y UDC,
fueron las que provocaron que el Gobierno mirara hacia otro lado el 9-N.
Esas negociaciones se
llevaron en absoluto secreto, entre otras cosas porque el enviado de Rajoy era
Pedro Arriola, un asesor externo del presidente, el culpable con sus consejos
erróneos de los mayores desastres que ha sufrido el Partido Popular en los
últimos tiempos. Ese que aseguró hace poco tiempo “que Podemos eran solo unos
cuantos frikis”.
Cuando el impulsor de las
negociaciones, Joan Rigol, hombre de peso de Unió Democrática y presidente del
Pacto Nacional por el Derecho a Decidir, filtró el 8-N las negociaciones
secretas, le hizo sobre todo un gran daño al PP, pues esa fachada de firmeza
que mostraba el Gobierno, se vino abajo al demostrarse que estaba dispuesto a
negociar, y por lo tanto, a saltarse la ley. Siempre he sostenido, que el 9-N
prevaricaron los dos gobiernos, el central y el catalán.
El envío de Arriola supuso
una gran bofetada en la cara del propio partido, del Gobierno, y sobre todo,
del Partido Popular de Cataluña, pues la decisión de Rajoy parece indicar que
no confía ni en Alicia Sánchez Camacho ni en ninguno de los demás.
Lo cierto es, que Rigol
tiró de la manta por sorpresa, Rajoy se quedó paralizado y tardó tres días en
dar la cara ante los medios y ante los españoles.
Rajoy daba la impresión, de
que estaba seguro de que Artur Mas no incumpliría la ley ni se atrevería a
echar un pulso a la prohibición del Tribunal Constitucional, siempre nos decía,
él y su vicepresidenta, que esa hipótesis no se planteaba. Lo que se ha
demostrado es que Rajoy carecía de plan B.
Lo cierto es, que a fecha
de hoy, no se ha actuado legalmente contra los prevaricadores, malversadores y
sediciosos, ante el asombro y la indignación de gran parte de la ciudadanía
española.
Cuando hemos presenciado a
lo largo de muchísimos años, como todos los gobiernos le imponían su criterio
al Fiscal General del Estado de turno, en esta ocasión, Torres Dulce, parece
manejar los tiempos a su antojo y se pone demasiado en manos de los sospechosos
fiscales catalanes. Esto lleva un camino que tiene muy mala pinta y que podría
terminar, en un gran fiasco y en una monumental decepción colectiva, yéndose
los delincuentes sediciosos de rositas de todo esto.
