Ayer comieron juntos, dos
de los mayores enemigos que tiene en la actualidad nuestra Nación, me refiero a
Carles Puigdemont, presidente sedicioso de Cataluña y representante de la mafia
nacionalista que durante décadas ha saqueado las arcas públicas catalanas
llevando a Cataluña a la ruina, y el otro comensal, Pablo Iglesias, líder de la
horda podemita, partido que se creó gracias al apoyo económico del narco Estado
bolivariano, ese que priva a su pueblo de comida y de libertad.
Como no podía ser de otra
manera, Iglesias se comprometió a que Podemos votará en contra del suplicatorio
que el Tribunal Supremo va a pedir al Congreso para poder abrir un
procedimiento contra Francesc Homs, por delitos en la organización de la ilegal
consulta independentista del 9-N. Es decir, quienes siempre se mostraron
partidarios de suprimir los aforamientos, ahora pretenden impedir que se
desafore a un separatista que ha delinquido, evidentemente, si el delincuente fuera
un patriota seguro que votarían en
sentido contrario. Pero que se puede esperar de estos desalmados.
Los dos comensales
subrayaron al finalizar, que el almuerzo se había desarrollado en un ambiente
tranquilo, relajado y cordial, evidentemente, una consecuencia de coincidir en
sus respectivos objetivos políticos, que no son otros, que acabar con la Nación
española.
Podemos se apunta a ese
fantasmagórico “derecho a decidir”, que no es otra cosa, que intentar privar a
los españoles, que no olvidemos son los depositarios de la soberanía nacional,
de decidir sobre lo que les afecta. Para Iglesias, solo tiene derecho a decidir,
una pequeña parte.
Los podemitas siguen
apostando por eso que llaman “modelo territorial plurinacional y de
fraternidad”, que no es otra cosa que convertir nuestro país en una amalgama de
reinos de taifas, pero eso sí, nunca diciendo de frente lo que realmente
quieren, que no es otra cosa que destruir la unidad de la Nación española, la
Nación más antigua de Europa.
Si quienes tienen la
obligación de suspender la autonomía catalana, lo hubiesen hecho hace tiempo,
nos ahorraríamos ahora estos esperpentos, aunque aún están a tiempo.
