Tengo que reconocer, que
las palabras de ayer de Mariano Rajoy me resultaron molestas, tanto en lo que
dijo como en la manera que lo dijo. Un presidente no puede, en medio del
sufrimiento de demasiados, ir de “sobrao”, pues da a entender que es
completamente ajeno a los que peor lo están pasando.
Ayer Rajoy dejó claras
varias cosas, que va a ser el candidato a las generales si o si, que apuesta su
futuro y el de su partido solo a la economía, que se desentiende de la corrupción
de su partido, que abandona definitivamente los tradicionales valores y
principios de su partido, y que de renovación nada de nada.
Es evidente que la
macroeconomía va mejor, que los banqueros y los grandes empresarios ganan más
dinero, pero muchos dudan que ese inicio de recuperación llegue antes de las
generales, de forma evidente, a pymes, autónomos y trabajadores por cuenta
ajena, si no llegase, la debacle del Partido Popular en las generales próximas
puede ser histórica.
Por otra parte, esa mezcla
de optimismo desmesurado y chulería encubierta, ha sentado muy mal entre la
ciudadanía, pues con casi un millón de familias que no tienen ingresos de
ningún tipo, con más de cinco millones de parados y con un 20% de pobreza
infantil, el patio no está para soportar las “coñas marineras de su
presidente”. Rajoy se equivocó claramente con su actitud, si quería transmitir
optimismo, transmitió que pasa de los millones de españoles que están “más que
jodidos”.
Las personas no comen todos
los días porque su gobierno les diga que vamos a crecer un 2,9%, los ciudadanos
comen todos los días porque disponen de un trabajo que les proporciona unos
ingresos para poder cubrir sus necesidades y muchos, demasiados, ni siquiera
disponen de eso.
