Nuestro malvado presidente, Pedro Sánchez, siguiendo la hoja de ruta marcada por Zapatero, se ha ido de viaje a Asia a homenajear a genocidas y a agasajar a un régimen totalitario como el chino con la intención de convertirnos en socio preferente. Tras esta visita, no sería extraño que Trump nos friera a aranceles por tener un presidente tan suicida que se atreve a desafiarle abrazando a su principal enemigo. Sánchez nos va a hacer mil veces más daño a los españoles que Trump, pero con una salvedad, que Trump con sus medidas considera que va a beneficiar a su país, mientras que Sánchez lo hace únicamente por razones ideológicas ultraizquierdistas.
Que el presidente del Gobierno de una España democrática visite Vietnam y se preste a rendir homenaje en su mausoleo al sanguinario dictador comunista Ho Xi Ming, responsable de una de las represiones más sangrientas del sudeste asiático en el siglo XX, ya que, bajo su mandato, más de 100.000 personas fueron ejecutadas o murieron víctimas del aparato represivo del régimen, resulta repugnante. Las purgas políticas, los campos de reeducación, los trabajos forzados y una brutal represión de la disidencia ideológica marcaron su forma de gobernar. Lo que Sánchez ha perpetrado en Vietnam es una afrenta a los valores occidentales y a la libertad, además de manchar el nombre de España.
La visita de Sánchez a China está autorizada por quien desgobierna la Unión Europea, Von der Layen, pretendiendo con ella, mantener y ampliar las relaciones comerciales entre Europa y China, el principal adversario comercial de EEUU y el principal enemigo de Occidente. Por ello, no es de extrañar que el secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, haya lanzado una advertencia directa a España, afirmando que “alinearse con China sería como cortarse el cuello”.
No estaría mal recordar qué es la China actual en relación al respeto de los DDHH, para darnos cuenta de donde nos metemos, de cual es la ralea de los socios con los que pretendemos estrechar relaciones.
El texto que reproduzco a continuación es de una organización internacional de DDHH haciendo balance del mandato de Xi Jinping:
“La represión y los controles sociales que impone el gobierno chino se intensifican a más de una década del inicio de la gestión del presidente Xi Jinping. Sin embargo, para atraer inversiones extranjeras en un contexto de desaceleración de la economía, el gobierno parecería haber atenuado parte de su retórica agresiva hacia países occidentales. En China, más personas comienzan a cuestionar públicamente el rumbo del país bajo el liderazgo de Xi, y al hacerlo asumen un gran riesgo personal. El gobierno no aborda seriamente las violaciones de derechos humanos y esto infunde incertidumbre con respecto al futuro en todos los sectores de la sociedad, desde las personas jóvenes hasta los ejecutivos de empresas.
El gobierno chino continuó sus políticas abusivas contra uigures y otros musulmanes túrquicos en Xinjiang, que constituyen crímenes de lesa humanidad. Muchos uigures están cumpliendo largas penas de prisión por actos pacíficos. En el Tíbet, las autoridades siguen sometiendo a asimilación forzosa a personas tibetanas. Los controles extremos sobre la información hacen que sea muy difícil obtener y corroborar información procedente de la región. En Hong Kong, el gobierno chino ha eliminado las libertades y garantías de la ciudad, al arrestar en forma arbitraria a personas por presuntos delitos contra la seguridad nacional, ofrecer recompensas a cambio de 13 activistas democráticos y ex legisladores exiliados, y expandir su campaña de intimidación política a activistas de Hong Kong fuera de las fronteras de China.
En toda China, el gobierno ha reforzado incluso más el control férreo que ejerce sobre la sociedad civil. Las empresas extranjeras, que durante mucho tiempo eran bienvenidas, sufren cada vez más el uso arbitrario del poder por parte del gobierno. Las enmiendas imprecisas a la Ley contra el Espionaje y las redadas policiales en sedes de empresas internacionales y extranjeras ponen a estas compañías en la incertidumbre de si las prácticas comerciales que antes eran aceptables ahora serían constitutivas de delitos.
A un año del abrupto fin de la política draconiana sobre “COVID cero” a finales de 2022, no hubo ninguna investigación oficial sobre cómo el gobierno chino manejó el brote. A su vez, ciudadanos y periodistas chinos que informaron sobre el tema y que reclamaron rendición de cuentas por abusos oficiales durante los confinamientos han sido hostigados, detenidos y procesados penalmente”.
Solo pensar, que con este dictador comunista pretenden, Pedro y Úrsula, hacerse socios, produce escalofríos. Aunque lo mismo, tras la moratoria de 90 días a los aranceles que impuso unilateralmente Trump, se lo piensan.
Desde luego, viendo la trayectoria internacional de Sánchez, la guinda la pondría homenajeando la memoria de Paul Pot, el genocida líder de los Jémeres Rojos, ese que acabó con la mitad de la población de Camboya, ese que hizo retroceder al país hasta la Edad de Piedra quemando bibliotecas, prohibiendo medicinas y asesinado a todo aquel que usara gafas durante su terrorífico mandato genocida.
Ese viaje merece la pena, en la medida en que suponga el fin de la dictadura sanchista
A todo el mundo le va a venir bien, excepto a los apesebrados y funcionarios nombrados a dedo