Si en todos los ámbitos solo puede definirse como deleznable, obsceno e impresentable lo llevado a cabo por la banda de Sánchez, que no gobierno, desde que accedió a La Moncloa, en lo relativo a colocar a los suyos utilizando el mecanismo de libre designación para colonizar por completo todos los puestos de relevancia de la Administración Pública, una vía que solo debería usarse de forma excepcional, está siendo bochornoso. Para que todos lo entiendan, hablamos de “colocar a dedo”, práctica que Sánchez ha convertido en habitual.
Sánchez ha colocado a dedo, sólo en los tres primeros meses del año, a 488 funcionarios, por lo que la Administración General del Estado suma ya 11.047 funcionarios nombrados mediante este procedimiento discrecional.
En lo relativo a asesores y personal de confianza ajenos a la estructura funcionarial, el aumento también ha sido escandaloso pues a finales de marzo el Ejecutivo sumaba 1.263 trabajadores designados sin oposición, 63 más que seis meses atrás, lo que marca un récord histórico en este tipo de contrataciones.
El uso intensivo de estas fórmulas de provisión de plazas, tanto eventuales como por libre designación, genera malestar entre muchos empleados públicos veteranos. La crítica principal es que se relega a funcionarios con experiencia y trayectoria consolidada en favor de perfiles escogidos por afinidad política o confianza personal, lo que resta objetividad al sistema. Aunque el concurso de méritos sigue siendo el método más extendido con 142.512 funcionarios, su aplicación queda ensombrecida por la proliferación de este tipo de decisiones discrecionales de este dictadorzuelo que nos desgobierna.
A Sánchez no le interesan en absoluto los méritos de quien contrata, ni su formación ni experiencia profesional, solo la lealtad a su amado líder, que es él.
Mucho me temo, por la experiencia andaluza, que el día en que los españoles tengamos la dicha de que Sánchez deje el poder, simplemente porque le hemos echado votando, el PP mantenga a la mayoría de los enchufados, por eso es tan importante que Feijóo no pueda gobernar en solitario, que lo tenga que hacer con Abascal y los suyos, ya que estos no lo iban a permitir, aunque desde luego, al PP siempre le quedaría la opción de pactar con el PSOE, llamémosle “pacto a la alemana”, una decisión suicida, pero visto lo visto en Bruselas, nunca descartable, aunque sin duda significaría el principio del fin de la derecha mansa.