Las mujeres se quejan de que la igualdad real no existe, por mucho que la cacareen los políticos en sus discursos. Teóricamente todos, independientemente de nuestro sexo, tenemos los mismos derechos y deberíamos de tener las mismas oportunidades en la vida, pero la realidad es tozuda y nos demuestra que eso no se cumple. La prueba del algodón de esta realidad es que una mujer nunca percibe el mismo salario pese a realizar la misma función que un compañero varón. Está claro que aún nos queda mucho por avanzar en el ámbito de la igualdad.

Si esto ocurre con las mujeres, imaginémonos lo que ocurre con los miembros del colectivo LGTB.

Reconozco, que los que ya vamos teniendo una edad, fuimos educados de una manera, que nuestros padres trataron de inculcarnos unos valores morales, muchos de ellos coincidentes con los del Régimen que imperaba en España allá por los años 60. Y digo esto, porque quizás nuestra generación haya sido la que más capacidad de adaptación ha tenido que tener a los nuevos tiempos, con los enormes cambios que se han realizado, sobre todo en el campo de la igualdad.

El colectivo de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales (LGTB) es uno de los que a fecha de hoy les está costando más trabajo ser aceptados en condición de igualdad con respecto al resto de los ciudadanos, independientemente de que las leyes les reconozcan sus derechos.

Desgraciadamente en nuestra sociedad hay aún mucha intolerancia, se ve con normalidad que los integrantes de este colectivo cumplan con sus obligaciones ciudadanas como el resto de los ciudadanos, pero en cambio, a la hora de darles los mismos derechos muchos aún son reticentes.

Aquí hemos pasado de que nos dijeran en el colegio que la homosexualidad era un vicio, a decirnos que es una opción sexual muy respetable, y una parte de la sociedad sigue sin aceptarlo.

Tengo el honor de tener amigos y amigas que pertenecen al colectivo LGTB, y tengo que decir que tanto en su vida laboral como privada, la mayoría, nos podrían dar lecciones a los heteros. Al final aquí, lo que se plantea, es sencillamente si la sociedad debe permitir actitudes que tratan de impedir que personas que tienen una orientación sexual distinta a la que se podría entender desde una perspectiva tradicional, se desarrollen como personas y sean felices en la vida.

Cuando el anterior gobierno socialista legalizó el matrimonio gay, se formó la marimorena, primero por llamarlo matrimonio y después por el hecho en sí. Rápidamente, desde amplios sectores, se nos dijo que eso abriría la puerta para que familias homosexuales pudieran adoptar niños y que eso era una aberración. Pues bien, en lo que yo conozco puedo afirmar que mis conocidos de ese colectivo y con hijos, ponen el mismo empeño que nosotros para sacarlos adelante y les dan, como nosotros, una constante dosis de afecto.

Hay rumores de que el nuevo gobierno pueda plantearse el acabar con el matrimonio homosexual, yo personalmente creo que no se van a atrever.

Hace escasos meses colgué un cartel en mi muro de facebook, donde se veían, a la izquierda dos jóvenes gays besándose, y a la derecha un pequeño de raza negra desnutrido y con el vientre hinchado, tras de él dos buitres esperando el fatal desenlace, abajo del cartel se leía, si te impresiona más la foto de la izquierda es que tienes un problema de valores.

Pues sí, ese cartel molestó a muchos y no dejó, eso es lo importante, indiferente a nadie.

Está claro que en el campo de la igualdad tenemos que avanzar mucho, muchas mas leyes no se pueden hacer, ahora lo que hay que hacer son los cambios necesarios en nuestras conciencias adaptándolas a los tiempos en los que vivimos.

Que no se sigan repitiendo hechos como el sucedido no hace mucho en el pueblo andaluz de Mollina, donde según informan los medios una transexual es acosada a diario y hasta agredida por una parte de sus vecinos, vecinos que hacen gala de una intolerancia impropia de la época en que vivimos.

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