Leyendo el auto dictado el jueves por el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña queda meridianamente claro que avala el sistema de inmersión lingüística de la Generalidad, allanando el camino para que no se aplique la sentencia del Tribunal Supremo sobre bilingüismo de 9 de diciembre de 2010.
El TSJC se ha convertido en un instrumento al servicio del nacionalismo catalán, que ayuda a éste a perpetuar el genocidio lingüístico que se lleva perpetrando desde hace ya demasiado tiempo.
La resolución es desconcertante, manifiesta que la Generalidad sólo estará obligada a impartir enseñanza en castellano a quienes lo pidan vía judicial, una auténtica aberración. Es decir, para pedir el cumplimiento de un derecho garantizado en la Constitución, obligan a los ciudadanos a pleitear, algo absurdo. ¿Desde cuando los ciudadanos tienen que demandar que les protejan sus derechos? ¿Desde cuando hay que requerir de antemano el aval de un juez?
Nuestro Gobierno ha recurrido a lo políticamente correcto afirmando que respetan las sentencias judiciales y que el recurso correspondiente lo dilucidará el Tribunal Supremo. Los que defendemos la libertad, consideramos la respuesta del gobierno demasiado tibia, demasiado políticamente correcta.
El TS en la sentencia de diciembre de 2010 lo dejó muy claro, “el castellano debe ser reintroducido como lengua vehicular de forma proporcional y equitativa en relación al catalán en todos los cursos del ciclo de enseñanza obligatoria”, añadiendo que “la Generalidad deberá adoptar cuantas medidas sean precisas para adaptar su sistema de enseñanza a la nueva situación creada por su declaración de la sentencia 31/2010 del TC que considera también al castellano como lengua vehicular de la enseñanza en Cataluña junto al catalán”.
La sentencia del TSJC no deja ninguna duda de que ese tribunal se ha vendido al poder político nacionalista. El gobierno del Estado no debería tolerar el comportamiento de ese tribunal. Una prueba mas de que la separación de poderes no existe, el poder judicial en Cataluña está en constante posición de genuflexión ante el poder ejecutivo, avalando con ello, las injusticias y los continuos ataques, a los derechos y libertades de parte de la ciudadanía.
Cuanto más tendremos que esperar los ciudadanos para que se dejen de producir los constantes atropellos de que somos objeto. Ningún gobierno central va a ser capaz de plantar cara ante los desmanes de los nazionalistas “con z”. ¿Les va a salir siempre gratis a los políticos nacionalistas estar posicionados en la insumisión perenne?.