Resulta
sorprendente que una dirigente política recule cuando es la favorita
entre los suyos y hasta entre los contrarios, aunque solo sea porque
la ven como el mal menor.
Cuando
nos ha dicho que renuncia a aspirar a la Secretaría General del PSOE
por estar comprometida con su tierra, con Andalucía, dice realmente
que no quiere tomar riesgos que puedan acabar con su carrera política
antes de tiempo, a muchos nos ha defraudado.
En
vez de hacerle caso a la “vieja guardia” de su partido, ha hecho
caso a los que le decían que asumía excesivos riesgos en Andalucía
afrontando ese complejo trabajo de unificar y fortalecer el partido a
nivel nacional. Le decían que en Andalucía, el PSOE cuenta con un
Gobierno sólido y un partido unido, y que eso se podía poner en
peligro con su marcha a Madrid, pues Ferraz es un auténtico
“avispero” que podría consumir sus energías y debilitar al
partido en Andalucía.
Susana
ha decidido abandonar antes de asumir una responsabilidad histórica,
aunque es cierto que hubiera cogido el timón del PSOE en el peor
momento de su historia, donde sus votantes le dan la espalda y se
entrega en masa en brazos de Izquierda Unida y de Podemos. Su miedo a
perder le ha hecho no intentar ganar, así de sencillo. No ha querido
arriesgarse a ser la hipotética última Secretaria General de un
PSOE moribundo.
Lo
que parece desconocer Susana, es que si el PSOE explota en mil
pedazos, ella no va a poder mantener a Andalucía en una burbuja,
pues el tsunami le llegaría con toda su fuerza. Para que el PSOE-A
siga fuerte, el partido a nivel nacional debe estarlo también.
Ha
dejado el camino expedito a aspirantes sin garantías, republicanos y
capaces de propiciar el temido pacto de izquierdas con IU y Podemos,
un pacto que nos retrotraería a los tiempos mas oscuros de nuestra
historia cercana, un pacto que de recoger las exigencias de los
extremistas, sería mucho mas terrible para este país que incluso
los ocho años de Zapatero, pues por ejemplo, las propuestas estrella
de Podemos acabarían con la seguridad jurídica en nuestro país y
habría desbandada de capitales, aquí no invertiría nadie. El
tiempo dirá si seguimos siendo Europa o una república bolivariana.
