España iba a bloquear Telegram por orden del juez Pedraz y tomar una medida que no había tomado ningún otro país democrático en Occidente, poniéndonos al nivel de tres dictaduras comunistas, China, Corea del Norte y Cuba, así como, de dos repúblicas islámicas, Irán y Pakistán, donde evidentemente, la libertad de expresión no existe.

Se pretendía perpetrar con la excusa de un asunto de derechos de autor, pero no hay ningún otro país que tenga bloqueado Telegram por ese motivo pese a que hay numerosos medios de comunicación de otros países que también verían afectados sus derechos por posibles actividades ilegales de esa aplicación. El juez Pedraz había tomado una decisión absolutamente desproporcionada que no tiene precedentes en la Unión Europea ni en el resto del mundo democrático, ya que para proteger de forma cautelar la propiedad intelectual de tres empresas muy concretas, pretendía vulnerar los derechos de 8 millones de usuarios.

Es muy grave que quienes están llamados a tutelar las libertades públicas puedan limitar los derechos a las comunicaciones de esta manera, además, el bloqueo violaría la jurisprudencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos en relación a los bloqueos de contenidos ilegales. El Artículo 11 de la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea: “Toda persona tiene derecho a la libertad de expresión. Este derecho comprende la libertad de opinión y la libertad de recibir o comunicar informaciones o ideas sin que pueda haber injerencia de autoridades públicas y sin consideración de fronteras”.

Lo curioso de todo esto, es que esta medida desproporcionada se pretendía adoptar por una denuncia del tóxico duopolio mediático, cómplice de quienes pretenden cargarse España, que usa indiscriminadamente contenidos tomados de Internet sin permiso, vulnerando la propiedad intelectual de otros mientras bendicen la propia. Esta es la ley del embudo, el lado ancho para ellos y el estrecho para nosotros.

Lo chocante de todo esto es que el bloqueo ordenado por el juez Pedraz era inútil. ya que Telegram ofrece a sus usuarios un servicio de proxy para poder utilizar esa aplicación en dictaduras que la bloquean. Un instrumento que se ha convertido en un aliado de la libertad de expresión en países como Irán, Cuba y China, ya que permite a los usuarios comunicarse libremente soslayando la censura impuesta por esas dictaduras. Paradójicamente, iba a ser necesario en España, menos mal que la Audiencia Nacional ha intervenido y lo ha parado.

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