La UE ha impuesto estos años a los Estados miembros, con el apoyo del PP y del PSOE, una política migratoria impregnada de un falso buenismo que ha llenado de inseguridad barrios enteros de toda Europa, promoviendo la llegada masiva y descontrolada de inmigrantes ilegales.
Los europeos que viven en los barrios más pobres son los que más sufren las consecuencias de estas políticas, que se han traducido en una auténtica invasión migratoria de peligrosas consecuencias: la creciente ola de violencia en las calles, el miedo a que sus hijas paseen solas por la noche, se sienten extraños en sus propios barrios, ven cómo se depauperan los salarios y observan con horror la extensión de delitos e ideas que eran anecdóticos antes en países como España. El multiculturalismo promovido por los burócratas de Bruselas ha resultado ser en realidad fuente de multiconflictividad para las clases medias y trabajadoras, mientras sus impulsores viven completamente ajenos a esta realidad, a salvo en sus mansiones bien protegidas.
También los inmigrantes que han venido a Europa cumpliendo los cauces legales, respetando nuestras fronteras, con voluntad de integrarse, esforzarse y aportar, se ven enormemente damnificados por aquellos que entran ilegalmente en Europa agrediendo a nuestra policía, cometiendo delitos reincidentes y tratando de vivir de las ayudas públicas que deberían estar destinadas a los europeos y a los inmigrantes legales.
La presión migratoria se ha vuelto absolutamente insostenible. Europa no puede seguir basando su política migratoria en políticas de puertas abiertas, papeles para todos o parches que no funcionan. No nos cansaremos de recordar el deber de las instituciones europeas para garantizar la materia de seguridad, control de las fronteras exteriores, inmigración y lucha contra la delincuencia de los Estados miembro. En ese sentido, es muy preocupante que la Conferencia sobre el futuro de Europa haya excluido todo debate relacionado con problemas e inquietudes reales de los europeos, como la inmigración y la seguridad, replicando así los dogmas ideológicos de la izquierda.
Este grave problema, solo VOX se atreve a denunciarlo, perece el único partido que no se olvida de los españoles y el grave problema de seguridad que padecen y que es compartido por muchos europeos.
Las políticas de efecto llamada impulsadas por Von der Leyen y apoyadas por el PP y el PSOE, permiten que las mafias de tráfico de seres humanos actúen con total impunidad, poniendo en peligro la vida de los propios inmigrantes en su viaje a Europa y provocando graves problemas de inseguridad e identidad en las Naciones europeas. De entre los que consiguen llegar, muchos cuentan ya con un historial delictivo en sus países de origen y se dedican a seguir delinquiendo en nuestras calles y a extender ideas incompatibles con los valores y raíces de la cultura europea.
Es fundamental que la UE tenga un marco legal serio de tolerancia cero a la inmigración ilegal. Cada Estado miembro debe poder decidir el número y tipo de inmigración según sus necesidades laborales y capacidad de integración, facilitando el control de fronteras, la expulsión de los inmigrantes ilegales y de aquéllos que cometan delitos graves o hagan del delito leve su modo de vida.
En cambio, desde el Partido Popular Europeo a la izquierda radical se han posicionado contra los intereses de sus ciudadanos, contra su seguridad.
Frente al multiculturalismo suicida de Von der Leyen y del bipartidismo caduco y antinacional, es la hora de hacer oír la voz de los europeos que padecen las consecuencias de una Comisión Europea irresponsable y ajena a la violencia que cada vez más se extiende por nuestras calles y pone en riesgo nuestros valores.
Por todo ello, estas elecciones europeas son muy importantes y del resultado depende que quienes de verdad nos defiende tengan la fuerza parlamentaria suficiente para plantarle cara a ese frente antinacional y contrario a los valores de nuestra civilización que conforman populares y socialistas.