Por mucho que Juana Rivas
esté en busca y captura, parece evidente, que no hay en la Justicia el más
mínimo interés en detenerla, de hecho, creo que la mayoría de nosotros estamos
convencidos de que saben en donde se encuentra.
Considero que este caso le
está haciendo un gran daño al Estado de Derecho, pues si ya muchos de nosotros
teníamos claro de que la justicia no nos trata a todos por igual, ahora este
extremo queda absolutamente demostrado.
Siempre he defendido, que las
leyes hay que cumplirlas, y que por supuesto, las sentencias de los tribunales
también. Y lo digo, porque hoy no quiero entrar en quien de los dos, dice la
verdad o tiene razón, y me refiero, a Juana y su ex marido, Francesco.
Lo cierto es, que todos los
tribunales y jueces por los que ha pasado el caso, todos, absolutamente todos,
no le han dado la razón a Juana, y se supone que lo han hecho, conociendo las
versiones de ambas partes.
Digo esto, porque acaban de
conocerse unas declaraciones de “la mano que mece la cuna” de este caso, y
estoy hablando de María Teresa Sanz, feminista y psicóloga colegiada del Centro
de la Mujer de Maracena, posiblemente la persona que como se dice por Andalucía
“le tiene el coco comido a Juana”.
Hablamos de una profesional
de la psicología, que públicamente ha reconocido que le aconsejó a Juana darse
a la fuga con sus hijos para no cumplir la sentencia judicial. Me quedo a
cuadros viendo lo que pasa en este país.
Es de suponer, que una
empleada pública no puede aconsejar a una mujer usuaria de ese servicio público
que delinca, y si lo hace, debe caer sobre ella todo el peso de la ley. Es como
cuando una abogada feminista le aconseja a una mujer en proceso de divorcio que
denuncie en falso malos tratos de su pareja para salir mejor parada en el
proceso. El sentido común dice, que quien aconseja delinquir debe pagarlo
penalmente y ser apartado de su profesión.
Ahora nos cuentan los
abogados de Juana, que piensan jugar su última carta, que piensan recurrir a
los Tribunales Europeos. Teniendo en cuenta, que estos tribunales tardan mucho
en dictar sentencia, qué piensa Juana, estar años escondida con sus hijos. Esto
empieza a ser surrealista.
