Hoy
ha tenido lugar en mi pueblo, Valencina de la Concepción (Sevilla),
un Pleno Ordinario que se puede calificar de esperpéntico. Voy a
proceder a su relato, porque pienso que en el se han dado una serie
de circunstancias propias de la política municipal que padecen
muchos pueblos de nuestro país.

Valencina
está regida desde hace unos seis años por Antonio Suárez, alcalde
socialista que fue designado candidato por la agrupación local del
PSOE con el único objetivo de conseguir los votos necesarios y el
poder. El problema viene cuando, por lo visto, se olvidaron de que
después de ganar tenía que gobernar un pueblo, y para esa función
no reunía las mínimas condiciones exigibles, su indigencia
intelectual asusta.

El
balance de esos seis años de su nefasta gestión ha sido la quiebra
económica de nuestro ayuntamiento y un mandato llevado con actitud
caciquil, antidemocrática y con un desprecio absoluto hacia la
legalidad.

Pues
bien, hoy se ha celebrado Pleno Ordinario. El alcalde ha presentado
un nuevo Plan de Ajuste mediante el cual pretendía parchear sus
desviaciones presupuestarias a costa de endeudar y limitar los
mandatos de próximas corporaciones. Evidentemente la oposición lo
ha rechazado y el PSOE ha visto como le tumbaban una de sus últimas
opciones de llegar a las próximas elecciones sin reconocer la
quiebra como logro.

También
me choca la actitud de Izquierda Unida, quien en vez de proponer
soluciones, se dedica a lo de siempre, a presentar mociones
relacionadas con los “crímenes del franquismo y la Guerra Civil”.

El
portavoz de Mayoría Democrática, José Enrique González, como
siempre ha sido el único que le ha hablado al alcalde muy claro
desde su independencia. Cuando se ha quejado al alcalde de que le han
rajado las ruedas del coche por hacerle oposición, el alcalde le ha
pedido que no hable de cosas personales, algo que demuestra la
catadura moral de nuestro primer edil.

La
culminación del esperpento la ha protagonizado, la de siempre, Nuria
Jiménez, portavoz del Partido Popular, quien en un intento de
justificarse, ha presentado un escrito pidiendo la dimisión del
alcalde y que el PSOE designe a otro concejal para sustituirle. El
escrito que se suponía que era una moción urgente, estaba mal
redactado, con faltas de ortografía, y en el ni siquiera se
expresaba con claridad la propuesta de acuerdo que perseguía. Como
es lógico, el alcalde rechazó el escrito por defecto de forma y
solo lo aceptó como ruego.

Si
el PP, al igual del PSOE, tienen asesores de sobra, como es que esta
señora no les pide ayuda a la hora de presentar escritos, no se
entiende.

Al
Partido Popular en Valencina, le ocurre como en tantos otros sitios,
ni siquiera tiene el coraje político de presentar una Moción de
Censura, y creerme, aquí hay motivos de sobra. Si Izquierda Unida, a
consecuencia de su pacto de gobierno en la Junta de Andalucía, no
les permite a sus concejales que colaboren en desalojar a ningún
alcalde socialista del sillón, pues que se retraten en una Moción
de Censura y que se enteren los vecinos que prima el interés de
partido antes que el interés general del pueblo.

Parece
como que, ni PP ni IU, quieren ocupar la alcaldía de mi pueblo,
porque no tienen soluciones a la crítica situación actual y porque
ninguno quiere comerse ese “marrón”. Entonces, si es así, que
se dejen de gestos cínicos y de escenificaciones de cara a la
galería y que le digan a los vecinos que ellos son incapaces de
aportar soluciones a nuestros problemas.

Lo
triste de todo esto, es que el responsable de la debacle, nuestro
querido alcalde, ya ha firmado un contrato de 60.000 euros en la
Diputación, como premio a los servicios prestados y a lo
disciplinado que ha sido, el ha resuelto su futuro y ha complicado el
futuro de su pueblo. 

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