Cada
vez está mas claro, que lo que tiene montado UGT en Andalucía es
una trama para estafar a las arcas públicas. Los dirigentes del
sindicato repetían una y otra vez, que todo se debía a una serie de
errores puntuales, a fallos burocráticos sin intencionalidad, pero
con lo que se conoce a día de hoy podemos afirmar, que estamos ante
una organización que se dedica a hacer, entre otras fechorías,
facturas y albaranes falsos, y que sus dirigentes se comportan con la
tranquilidad relativa de quien se siente protegido por el poder
político e institucional andaluz, por sus camaradas socialistas de
la Junta de Andalucía.
Las
evidencias son tan escandalosas, que por mucho que UGT se empeñe en
seguir ocultando que se ha estado financiando de forma ilegal a
través de la Junta de Andalucía, pocos ya se lo creen. Por lo
visto, las cuantiosas subvenciones públicas que reciben, no son lo
suficientemente amplias para mantener el chiringuito político y no
sindicalista que tienen montado a costa de los andaluces.
Siempre
nos han dicho, que los sindicatos se dedicaban a defender a los
trabajadores, ahora sabemos que UGT-A se dedica a saquear el dinero
destinado a programas para desempleados para destinarlo a pagar
banquetes en la Feria de Sevilla, y también para la creación de un
enorme Fondo para sufragar los “gastillos personales” de los
dirigentes del sindicato.
Estamos
ante un escándalo intolerable, pero curiosamente, los andaluces
empezamos a verlo con absoluta normalidad, es como si la noticia en
esta tierra fuese conocer que algún político o sindicalista es
honrado, triste pero cierto. Los andaluces se han acostumbrado a esta
situación, los escándalos continuos de corrupción parece como si
hubiesen insensibilizado a los ciudadanos.
Nadie
les ha obligado nunca a los sindicatos a tener cuentas transparentes,
para mí, algo muy sospechoso, mas si cabe, en un país donde la
estafa está a la orden del día.
Personalmente
pienso, que UGT no ha estafado a la Junta, no es nada descabellado
pensar que el Gobierno andaluz era cómplice de lo que sucedía y se
limitaba a mirar para otro lado. Para el régimen de los ERE, esto es
“pecata minuta”.