Durante el segundo mandato de Zapatero, se modificó el Reglamento del Senado para permitir el uso de lenguas cooficiales durante la presentación de mociones y en la Comisión General de CCAA. Una reforma que no revirtió Mariano Rajoy, pese a gozar de mayoría absoluta, para vergüenza de su partido.
Ahora, en el intento de frenar a Pedro Sánchez y sus cesiones a los separatistas a cambio de que le hagan presidente del gobierno, PP y Vox, han presentado enmiendas a la totalidad a la reforma del Reglamento del Congreso que permite el uso de lenguas cooficiales y como es lógico, los de Abascal pretenden que Feijóo haga valer su mayoría absoluta en el Senado para recuperar el uso exclusivo del español. El PP ha dicho que estudiará la propuesta que Vox registró el pasado martes, después del debate en el Congreso en el que se permitió, por primera vez, el uso de lenguas regionales, a pesar de que la reforma del Reglamento aún no había sido aprobada. Su utilización fue posible en base a una resolución adoptada por la presidenta de las Cortes, Francina Armengol, que se saltó todos los trámites parlamentarios y de manera claramente ilegal lo permitió.
Lo que propone Vox lo estudiará la próxima semana la Mesa del Senado y la Junta de Portavoces. Será entonces cuando el PP decida si la tramitan para su posterior debate en la Cámara Alta. No podemos olvidar que el PP goza de mayoría absoluta en el Senado, de ahí que los de Abascal le hayan pedido a Feijóo que demuestre hasta qué punto está comprometido con la defensa del español, frente al uso partidista de lenguas como el catalán, vasco o gallego.
No sé lo que al final decidirá el PP, pero con los antecedentes en materia lingüística de su líder, pues no podemos olvidar que Feijóo es el responsable de que el español haya sido expulsado de los colegios y del trato con la administración gallega, todo es posible. No obstante, que el PP proteste por lo que ha perpetrado el PSOE en el Congreso y que él no sea consecuente con ello en el Senado, significaría un nuevo escándalo protagonizado por eso, que más que un partido serio parece un “pollo sin cabeza”.