El Partido Popular ha vuelto a poner de manifiesto su incoherencia en materia de inmigración y en la defensa de la dignidad femenina. Mientras el grupo parlamentario popular ha anunciado que respaldará en el Congreso la admisión a trámite de la Proposición de Ley Orgánica impulsada por VOX para prohibir el uso del velo integral en espacios públicos, las agrupaciones del PP en Ceuta y Melilla, ambas bajo su presidencia, han expresado una oposición tajante a cualquier medida de este tipo.
La propuesta de VOX, cuya admisión se somete a votación en el Pleno del Congreso, plantea vetar el uso del velo integral, burka y niqab, en el ámbito público con el objetivo de salvaguardar la dignidad de las mujeres y reforzar la seguridad pública. Es una medida que ya se aplica en diversos países europeos y que ha generado un intenso debate sobre integración, libertad religiosa y derechos fundamentales.
Y esto sucede, mientras nuestros barrios y localidades cambian a un ritmo que los vuelve cada vez más irreconocibles. Zonas grises, entornos deteriorados y espacios cada vez más hostiles, donde se hablan otras lenguas, se siguen diferentes reglas y la sensación de inseguridad aumenta por todas partes. Lugares donde apenas queda rastro de nuestra identidad; donde culturas completamente opuestas a la nuestra se imponen y acaban desplazando a los españoles de sus hogares de toda la vida. Vecindarios y municipios que antes eran propios y familiares, y que hoy han pasado a ser focos de una mezcla cultural forzada, convirtiéndose en algunos casos en zonas sin control, dominadas por la ley islámica y por costumbres ajenas que sustituyen a las nuestras.
Según la Unión de Comunidades Islámicas de España, aquí residen 2,4 millones de musulmanes, lo que supone alrededor del 5% de la población española. Más de la mitad de ellos, exactamente el 36% son de origen marroquí.
Esta peligrosa realidad es consecuencia de décadas de políticas de atracción migratoria promovidas por élites no elegidas democráticamente dentro de nuestras fronteras y respaldadas por sucesivos gobiernos españoles: fronteras sin control efectivo, escasos recursos policiales, ayudas asistenciales para extranjeros, adjudicación de viviendas públicas a inmigrantes y promoción institucional del islamismo, dentro de una cadena de privilegios para los de fuera que, en realidad, suponen perjuicios para los de dentro.
En este escenario, la identificación visual del rostro resulta esencial en determinados trámites y servicios presenciales, ya que está directamente relacionada con la verificación de la identidad del ciudadano, la prevención de fraudes, la protección de personas y bienes, y el correcto funcionamiento de la administración pública.
Por ello, el uso de prendas que cubren total o parcialmente la cara, como el velo integral islámico (burka o niqab), impide de forma objetiva dicha identificación y obstaculiza el cumplimiento de las funciones mencionadas, con independencia de la razón personal, cultural o religiosa de quien las utiliza.
Solo VOX parece tenerlo claro manteniendo una posición inequívoca al respecto “no se permitirá el acceso ni la permanencia en dependencias municipales a individuos que lleven prendas que oculten total o parcialmente el rostro, tales como el niqab o el burka. Esta medida tendrá carácter general y se aplicará sin distinción de origen o significado de la prenda, salvo en los casos justificados por motivos médicos, razones de salud pública o exigencias de seguridad laboral”.
Resulta irónico que formaciones políticas que hoy promueven y legitiman la expansión del islamismo en nuestros barrios sean las mismas que hace apenas unos años impulsaban propuestas en defensa de los derechos y libertades de las mujeres frente al integrismo islámico. El porqué de su cambio de postura es muy fácil de explicar, han visto que cada vez más españoles les dan la espalda y optan por promover la sustitución poblacional apoyando la invasión islámica creyendo que así, una vez obtengan el derecho a voto los procedentes de esa cultura incompatible con la nuestra y con los valores occidentales, les votarán a ellos y compensará la falta de apoyo de los ciudadanos españoles. Una estrategia suicida y traidora que a medio y largo plazo podría ser letal para España.
Todavía estamos a tiempo de liberar a España