En las elecciones vascas, EH
Bildu, los herederos de ETA, se han convertido en la segunda fuerza política
tras el PNV, obteniendo 22 escaños, cuatro más de los que tenían. Los
proetarras de Otegi son además, los dueños de las calles, donde se imponen a
base de coacción y violencia, algo que han sufrido los de Vox en sus propias
carnes en esta campaña.
Pues bien, todo esto se
podría haber evitado si el Partido Popular el 21 de febrero de 2012 hubiese
apoyado la moción que presentó Rosa Díez (UPyD) en la que se instaba al
Gobierno a proceder a ilegalizar, Bildu y Amaiur. Pero no, el PP pactó con el
PSOE presentar una enmienda de sustitución en la que no se hablaba de
ilegalización y a la que se sumaron comunistas y separatistas. UPyD rechazo el
apaño y se votó la moción del partido magenta, solo los cinco diputados de UPyD
votaron a favor de la ilegalización, los 326 diputados restantes votaron en
contra, entre ellos, los 186 diputados del PP para su vergüenza. El entonces
portavoz de PP, Leopoldo Barreda, dijo que la moción de UPyD estaba marcada por
la «demagogia y el oportunismo» y que “de Rosa Díez no admitía en ese
asunto ni media lección”.
Por eso pienso, que es
injusto culpar de la gran crisis nacional e institucional que sufrimos, solo a
la izquierda, pues el Partido Popular ha tenido una participación decisiva, más
por omisión que por acción, pero determinante. Esto sí que es, memoria
histórica.
Si los de Abascal, hacen lo
que deben y cumplen lo que dicen, es cuestión de tiempo que se conviertan en el
partido de referencia del centro-derecha desplazando al fallido PP.
