La Ley de Equidad sanitaria empieza su recorrido parlamentario. Busca una atención cien por cien pública sin colaboración alguna con centros y hospitales privados, lo que significa que las CCAA, excepto Cataluña, no podrán derivar enfermos a hospitales privados para reducir las listas de espera, ni permitir hospitales públicos de gestión privada.
Si esta ley es aprobada, llegará en el peor momento, con un sistema sanitario colapsado tras la pandemia y con las listas de espera disparadas en todo el territorio nacional. Un momento en el que miles de médicos están a punto de jubilarse, sin profesionales sanitarios y sin más centros donde hacer pruebas diagnósticas y cirugías.
Y es que la realidad de nuestra Sanidad es trágica, de nuestras Facultades salen excelentes profesionales de la medicina y de la enfermería, muy bien formados, pero muchos de ellos optan por irse a otros países donde les pagan mucho más y los valoran mucho más. Nos cuesta un pico su formación, pero nada se hace para pagarles bien y que se queden. Quien de nosotros no se ha encontrado frente a un médico traído de fuera, sobre todo en la privada.
Hay un informe del Instituto para el Desarrollo e Integración de la Sanidad que afirma que de aprobarse esta ley el resultado puede ser terrible. Que la espera para someterse a la intervención quirúrgica aumentará en 75 días y que el tiempo de espera para acceder a una primera consulta con un especialista aumentará en 58 días. Si tenemos en cuenta que en la actualidad hay cinco millones de personas en listas de espera, sin el apoyo del sector privado, nuestra Sanidad colapsará y costará muchísimas vidas. Se pueden cometer “genocidios” de varias maneras y esta es una de ellas, la izquierda a lo largo de la historia ha demostrado ser experta en ellos.
Si la colaboración sanitaria pública-privada lleva tres décadas funcionando sin problemas, ahora, solo por razones ideológicas se pretende acabar con ese modelo. Solo en Cataluña se permitirá el antiguo para que Sánchez conserve su sillón.