Si parece demostrado que un club de fútbol de los que ganan habitualmente Ligas y Copas del Rey, tenía comprado al vicepresidente del Comité Técnico de Árbitros (CTA) un tal, José María Enríquez Negreira, que precisamente era el encargado de ascender o descender de categoría a los colegiados, parece evidente que la competición ha estado adulterada desde al menos el año 2001, año en el que el susodicho “chorizo” empezó a cobrar los alrededor de 7 millones de euros del FC Barcelona.
Encima, es que este corrupto es muy torpe, pues como el club declaró a Hacienda los pagos que le hacía a través de su empresa, cosa que el no hizo, la Agencia Tributaria lo descubrió. Ahora nos cuentan, que la Fiscalía Provincial de Barcelona investiga el asunto, esa institución que controla el infame que habita el Palacio de La Moncloa ¿De verdad alguien en su sano juicio y con los antecedentes que tenemos, va a pensar que el Gobierno no va a impedir que la justicia le haga pagar al FC Barcelona por sus delitos? ¿Alguien piensa que Sánchez va a hacer algo que cabree a ERC y ponga en riesgo su sillón?
Parece claro, que demostrar que José María Enríquez Negreira dio instrucciones a los árbitros para beneficiar al FCB para que pitasen a su favor y prácticamente nunca le pitaran penaltis en contra ni le expulsaran jugadores, es muy difícil, pero las estadísticas están ahí y lo corroboran.
Ahora nos dicen, que la ley deportiva indica que estos delitos prescriben a los tres años, evidentemente fue inspirada por quienes tenían previsto “llevárselo crudo”. Al parecer, Negreira es ya investigado por un posible delito de corrupción en los negocios recogido en el artículo 286 bis del Código Penal, que podría acarrear penas de prisión de seis meses a cuatro años y multa del tanto al triple del valor del beneficio. Aunque ahora, lo más importante deberían ser las posibles decisiones federativas, ya que tienen la obligación de proteger la pureza de la competición.
Según el Real Decreto sobre Disciplina Deportiva, este tipo de actitudes se «estipula con pérdida de categoría en las actuaciones dirigidas a predeterminar, mediante precio, intimidación o simples acuerdos el resultado de una prueba o competición». Por lo tanto, si esto fuese así, aunque parece complicado que ocurra, el Barcelona bajaría a Segunda División.
Aunque no creo que con la corrupción generalizada reinante en este santo país pueda ocurrir que en este caso sí impere la justicia, el descenso del FCB a Segunda División supondría para esa categoría, más audiencia, más publicidad, mejores patrocinios… sería una auténtica revolución global para la categoría de plata del fútbol español. Nadie se imagina al FCB con el mismo equipo que tiene ahora jugando un año en Segunda, la mayor parte de sus estrellas, sobre todo las que no han nacido en la Masía, pondría rumbo a otras tierras.
El FCB es un club en el que el delito es lo habitual, todos sus últimos presidentes han pisado una celda, eso ha manchado mucho la imagen del club, pero lo de ahora es mucho más grave, todos los que durante algunos años de nuestra vida hemos defendido esa camiseta, sentimos una gran pena, pues un club de ese nivel no puede estar abonado a estar dirigido por delincuentes.