No ha sido un Funeral de
Estado, ha sido una ceremonia exculpatoria de un Gobierno que priorizó su
agenda ideológica antes que la vida de los españoles, y que esconde a miles de
víctimas. A fecha de hoy, este Gobierno no reconoce ni 29.000 víctimas,
mientras que el INE o el MOMO, las acercan a las 50.000. Dicen que no van a
dejar a nadie atrás, de entrada, dejan atrás, no reconocen, a 20.000
fallecidos, no tienen vergüenza.
¿Qué homenaje se hace cuando
el responsable de Alertas y Emergencias Sanitarias, Fernando Simón, se atreve a
afirmar sin ningún tipo de pudor que «quedan 13.000 fallecidos ahí, pero
no podemos ubicarlos ahora», palabras que son un insulto a los fallecidos,
a sus familiares y en general a todos los españoles?
El Gobierno es el victimario
de una gestión criminal y lo de hoy ha sido un acto organizado por un Gobierno
que ha usurpado las funciones de la Corona, que es quien tenía que haber organizado
y convocado un funeral de Estado.
Los españoles de bien hemos
respetado desde el primer día el luto real de nuestra sociedad, recordemos que,
por esos días, quienes nos mal gobiernan, aparecían en el Congreso descamisados
o con corbata roja, no se dignaron a tener ni un mínimo gesto de luto y respeto
con los fallecidos y sus familias.
Millones de españoles
coincidimos y adoptamos desde el principio la posición de la dignidad, la
verdad y la justicia. El mejor homenaje que se puede hacer es buscar la verdad,
reclamar responsabilidades y proponer soluciones para no volver a vernos
sumidos en otra negligente gestión.
El verdadero funeral fue el
organizado por la Conferencia Episcopal y presidido por los Reyes en la
Catedral de la Almudena, ese al que el Gobierno se negó a acudir, una ausencia
que fue todo un insulto a las víctimas, a sus familias y amigos, y a la
sociedad española en su conjunto.
