Tengo
que reconocer, que alucino con la cara dura que exhibe la Junta de
Andalucía, que exhibe el PSOE y su socio de gobierno en la sombra,
Ciudadanos.
Estamos
en pleno acoso de la administración andaluza a quienes denunciaron
en su día sus grandes tramas de corrupción. El “testigo
protegido” que detalló ante la juez Alaya la gran cantidad de
irregularidades cometidas en el multitudinario fraude de los Cursos
de Formación, sigue sufriendo el acoso de la Junta y recibiendo
continuas amenazas, y precisamente por eso, Alaya le concedió la
condición de “testigo protegido”, pues evidentemente, la Junta
actuaba como una banda criminal organizada o trama mafiosa, y así la
juez pretendía evitar el consiguiente riesgo físico del
denunciante.
Hace
pocos meses, la oposición pidió la comparecencia del funcionario
denunciante en sede parlamentaria, y mira por donde, PSOE y
Ciudadanos, se unieron para impedir que “cantara la gallina”. Por
ello, resulta ahora mucho más sorprendente, que la Junta de
Andalucía anuncie la creación de una “Oficina Anticorrupción”,
contando con el apoyo, como no, de Ciudadanos.
PSOE
y Ciudadanos, se están comportando con una golfería insultante en
todo lo relacionado con la corrupción. Los dos grupos parlamentarios
llevan mucho tiempo tratando de impedir que se sepa la verdad en los
casos de corrupción, el PSOE hostigando y Ciudadanos mirando para
otro lado, a esos funcionarios honrados que se atrevieron a
denunciarla.
Bueno,
pues ahora, el gobierno de Susana Díaz con la anuencia de su fiel
socio, Ciudadanos, van a poner en marcha una oficina, de cuya
independencia me río, solo para hacer el paripé, es decir, los
corruptos van a perseguir la corrupción. Sra. Díaz, Sr. Marín,
dejen de reírse de nosotros.
Incluso
anuncian que esa oficina va a admitir denuncias anónimas de
corrupción, imaginaos en que se puede convertir esa supuesta oficina
anticorrupción sabiendo quienes son los golfos que manejarán sus
hilos.
La
Junta e Andalucía, es con diferencia la administración autonómica
más corrupta de Europa, y Ciudadanos, ese partido que llegó a
política anunciando que llegaba para regenerarla, ha quedado
relegado a la condición de ese cómplice necesario que intenta tapar
las vergüenzas de su socio. Si repugnantes son los unos, repugnantes
también son los otros.
