Tras las lógicas decisiones
de la Junta Electoral Central y del Tribunal Supremo sobre Torra y Junqueras,
las cosas empiezan a complicarse para Pedro Sánchez mucho antes de lo previsto,
pues ni siquiera aún ha formado gobierno.
Ha pasado lo que tenía que
pasar, uno no puede ser investido presidente gracias a los votos de quienes
viven instalados en la rebeldía contra la Constitución y el resto de leyes que
nos hemos dado democráticamente.
El comportamiento de
Junqueras y Torra es el lógico en quienes pretenden romper la unidad nacional,
el que no es en absoluto lógico, es el de un presidente del Gobierno de España
que no se da por aludido, que no da su apoyo expreso a las resoluciones y que,
por lo visto, pretende mantener su agenda de contactos después de que Junqueras
ya no es europarlamentario, Torra ya no es diputado autonómico ni presidente, y
de que Torra y el presidente del parlamento catalán se han declarado en abierta
rebeldía.
Pedro Sánchez, como presidente
del Gobierno de España, tiene la obligación de cumplir y hacer cumplir las
leyes, pero, por el contrario, parece muy contrariado e incómodo con una
decisión de los tribunales de Justicia, decisión mayoritariamente apoyada por
el pueblo español y que demuestra que una parte de la Justicia se resiste a ser
utilizada por el poder político. Pedro Sánchez, se comprometió con los
golpistas, con los enemigos de España, a desjudicializar el conflicto
separatista, evidentemente se equivocó, pues toda la Justicia no es su “guiñol”
particular. Parece que, a fecha de hoy, la deslealtad del PSOE hacia el Estado
de Derecho, es evidente, que es un partido que se ha tirado al monte.
Tras las sentencias del
Tribunal Supremo, mantener el discurso del dialogo y el consenso con los
golpistas, resulta obsceno y hasta ilegítimo. En las actuales circunstancias,
que Sánchez se reuna con Torra, es una gran ofensa a ese Estado de Derecho que
está obligado a defender por el cargo que ocupa.
Con Torra y el presidente del
parlamento catalán en rebeldía, a que esperan para aplicar el Art. 155, que fue
redactado precisamente para eso.
