Antes de opinar sobre lo que
va a pasar a partir de ahora, creo que hay que informar de lo que pasó ayer en
la sesión de investidura, sin ningún complejo.
Jamás un candidato fue tan
humillado por quienes con su abstención iban a propiciar su investidura y, con
los que ha acordado cesiones inconfesables y lesivas al interés nacional. Nunca
un candidato a la investidura tuvo que, y perdonad por la expresión, “chuparle
el culo” tanto, a quienes le maltrataban dialécticamente.
La apoteosis negativa del
aquelarre de ayer, vino cuando los portavoces de los partidos minoritarios
regionalistas españoles finalizaron su intervención con los tres Vivas, a la
Constitución, al Rey y a España, ni un solo diputado de los dos partidos que
van a formar gobierno, gritó cualquier de esos Vivas. Quedó patente la calaña
de quienes van a formar gobierno y para que, van a gobernar. Abascal también
gritó esos tres Vivas, pero siendo él, estaba claro que ningún rojete
respondería. Y por cierto, la otrora socialista “españolaza”, Susana Díaz,
cayó, está claro que es ya un despojo más del sanchismo de esos que se aferran
al cargo y al sueldo.
Que siempre conste también en acta, que mientras desde el atril, el portavoz de ERC o EH Bildu, insultaban y atacaban, a España y al Jefe del Estado, el Rey, Pedro Sánchez, no replicó, solamente cayó.
Los partidos constitucionalistas
deben saber que, a partir de ahora, todo el que diga algo en contra del
pensamiento único que nos van a pretender imponer desde el minuto uno, va a ser
catalogado de facha, y la gran mayoría de las TV lo van a amplificar, la
mayoría de la prensa escrita también, y la mitad de los medios de internet
también, nunca olvidéis, que hay más periodistas corruptos que políticos
corruptos.
Ya no queda tiempo para ser
cobardes, el que siga siendo un “maricomplejines”, lo pagará. Abascal y Casado,
deben saber, que ellos ya son la “Resistencia” y que deben combatir a los que
llegan para acabar con el Régimen del 78, si no, la unidad nacional, la
Constitución, el Rey, nuestra soberanía, en definitiva, esa democracia que
garantiza nuestros derechos y libertades, peligra.
